confesión de fe


15- VIVIR EN EL SEÑORÍO DE CRISTO


"Christianismus Primitivus" de 1678:

"Este Señor Jesucristo está investido de todo poder en el Cielo y en la Tierra, y es única Cabeza de su Iglesia en todas las cosas... Dios sentó a este Señor Jesús a su diestra, muy por encima de todo principado y potestad, poder y señorío... Jesucristo es aquel Rey universal, altamente exaltado a quien toda rodilla debe doblarse y toda lengua confesará como Señor.

Está ordenado por Dios, que todos los hombres honren al Hijo, así como honran al Padre (Juan 5:23)” (Thomas Grantham - Libro I, Cap. III, Sección II).


77. JESÚS PREDICABA EL EVANGELIO DEL REINO

Jesús, en su ministerio terrenal, anunció la llegada del Reino de Dios (Mateo 12:28), y a esto lo llamó “el evangelio del reino” (Mateo 24:14) y “la palabra del reino” (Mateo 13:19). ¡Este es el tema central de los evangelios!

El Padre envió a Jesús “que es Cristo el Señor” (Lucas 2:11); todos, por la fe, deben arrepentirse de la rebelión ante su autoridad, recibir perdón y reconciliación con Dios, y rendir sus vidas ante el Señor que constituyó el Padre (Salmo 2:7-12).


Así Marcos 1:14,15 nos deja ver la predicación de Jesús.

“14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.


Las buenas noticias, “el evangelio del Reino de Dios”, que Jesús predicaba (Mateo 4:23; 9:35; Lucas 4:43; 8:1), era el anuncio concreto: “El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado”.

La reacción de todos debía y aún debe ser: “arrepentíos, y creed en el evangelio”.


Este era el evangelio que debían predicar sus discípulos cuando “los envió a predicar el reino de Dios” (Lucas 9:2), ordenando: “Yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 10:7).


Dios envió a su Hijo para restaurar al mundo bajo su gobierno, lo cual se cumplirá de forma total a partir de que todos vean “al Hijo del Hombre viniendo en su Reino” (Mateo 16:28). Así Apocalipsis nos deja conocer la consumación, en la que se oyeron “grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y ÉL reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15); y después, una “voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” (Apocalipsis 19:6).


78. LA IGLESIA DEL PRIMER SIGLO PREDICABA EL EVANGELIO DEL REINO

Así, la Iglesia que encontramos en el Nuevo Testamento también “anunciaba el evangelio del reino de Dios” (Hechos 8:12), “discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios” (Hechos 19:8), “predicando el reino de Dios” (Hechos 20:25), “declarando y testificando el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde” (Hechos 28:23), “predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo” (Hechos 28:31).


79. “EL PLENO EJERCICIO DE SU AUTORIDAD”

“La Investidura de Cristo con todo poder en el Cielo y en la Tierra, es afirmada por ÉL mismo: ‘Toda potestad me es dada en el Cielo y en la Tierra’; quien por tanto entra en el pleno ejercicio de su autoridad, estableciendo el glorioso evangelio como regla para todo el mundo: “Id, y haced discípulos a todas las naciones... Predicad el evangelio a toda criatura” (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15)” (Thomas Grantham - “Christianismus Primitivus” de 1678. I.III.2).


Jesús, luego de su muerte en la Cruz y resurrección, fue “exaltado hasta lo sumo” por el Padre, “dándole un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Filipenses 2:8-11). 

Jesús inauguró el Reino de Dios. ÉL ya ha sido coronado en el Cielo. No obstante, es como si fuera un Rey en el exilio, con unos pocos súbditos leales. Cuando regrese consumará plenamente su reinado.


De esta manera el apóstol Pablo sintetiza el mensaje en 2 Corintios 4:5, diciendo: “Predicamos a Jesucristo como Señor”, y afirma que no hay salvación sin el reconocimiento de que “Jesús es el Señor” (Romanos 10:9).

Mientras en los evangelios se nos llama a convertirnos en discípulos de Jesús, de Romanos a Apocalipsis, una vez que Jesús resucitó, se habla pura y exclusivamente de que ÉL es el Señor y los que creen en ÉL son sus siervos.


El rendirse al señorío de Cristo no es algo adicional al ser cristiano, ni una especie de llamado particular para algunos cristianos más consagrados. El rendirse al señorío de Cristo es el mandato de Dios para todo ser humano. 


El Cristianismo no se trata solamente del mensaje que nos dice cómo no ir al infierno, sino del mundo reconciliándose con Dios y rindiéndose a su reino, gobierno, autoridad, por medio de Jesucristo el Señor. Todo aquel que se arrepiente y cree, será salvo. Todo aquel que permanece en su rebelión, será condenado.


Así, el que ha creído en Jesús entiende que ahora es propiedad de Jesús (Romanos 1:6). 

1 Corintios 6:19,20: 

“19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

20 Porque habéis sido comprados por precio…”.


Como escribió Ignacio de Antioquía alrededor del año 110 d.C., “el cristiano no tiene poder sobre sí mismo, sino que está dedicado a Dios” (Carta a Policarpo, VII, 3).

Jesús murió y resucitó para ser nuestro Señor.

2 Corintios 5:14,15:

“14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;

15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”.


Romanos 14:8,9:

“8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven”.


80. “DECIDEN CON PROPÓSITO DE CORAZÓN SOMETERSE A ÉL”

“El camino establecido por Dios para que los hombres sean justificados es por la fe en Cristo (Romanos 5:1). Es decir, cuando los hombres acepten la verdad del evangelio, creyendo de todo corazón que hay remisión de pecados y vida eterna en Cristo. Y que Cristo, por lo tanto, es sumamente digno de su afecto constante y de su sujeción a todos sus mandamientos, y por lo tanto, deciden con propósito de corazón someterse a ÉL en todo, y ya no a sí mismos” (”Confesión Estándar” Bautista de 1660. VI).


La salvación es “por la fe en Cristo”, sin obras humanas meritorias (Efesios 2:8,9). Pero, la persona que cree en Jesús genuinamente, desde ese primer momento, considera con decisión que Jesús “es sumamente digno de su afecto constante y de su sujeción a todos sus mandamientos”. Así, ese nuevo creyente, no solo posee una nueva identidad, sino también nuevos afectos que producen una nueva voluntad dominante, nueva lealtad fundamental y nueva dirección.


Esto está claramente reflejado en las palabras de Jesús en Lucas 9:23:

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.


El nacido de nuevo, por el Espíritu Santo tiene un nuevo querer dado por Dios (Filipenses 2:13). Jesús, refiriéndose a este nuevo querer, hizo la gran separación, diciendo: “Si alguno QUIERE venir en pos de mí”. ¡Ese querer es la voluntad dominante que define toda la vida! Ese “querer” impregna e interfiere en todas las cosas.

Los ojos del pecador fueron abiertos y “le resplandeció la luz del evangelio de la gloria de Cristo” (2 Corintios 4:4), reconociendo por el Espíritu Santo a Jesús como el Señor de toda la Creación (1 Corintios 12:3), volviéndose en arrepentimiento delante de Dios por haber vivido en rebelión a su autoridad, y entregando la vida a Cristo para servirle como su siervo.

“Por lo tanto, (el cristiano) decide con propósito de corazón someterse a ÉL en todo, y ya no a sí mismo” (”Confesión Estándar” Bautista de 1660. VI).


“Cuando le preguntaron a Jesús sobre la manera de recibir la vida eterna, respondió en términos de arrepentimiento y discipulado (Lucas 13:23,24; 10:25-37; 18:18-22). Su llamado al discipulado requería que el oyente abandonara todo aquello a lo que estuviera obligado o sirviera. Al hacerlo, la persona se libera de las exigencias de cualquier cosa o persona que exija su obediencia. Como resultado, la persona se ‘inscribe en la escuela de Jesús’ y se compromete a aprender y seguir la guía de un nuevo Maestro. La Gran Comisión (Mateo 28:19,20) lo expresa así: uno se convierte en discípulo de Jesús al someterse al Bautismo y comprometerse a aprender y obedecer lo que ÉL enseñó.

La salvación es una obra de Dios enteramente gratuita, realizada para quienes ejercen fe en Jesucristo. Pero, esa fe, se expresa en un compromiso de arrepentimiento con el señorío de Jesús como quien guía su vida. ¿Contradice esto la verdad de la salvación por gracia mediante la fe? No, sino que proporciona una comprensión más completa de la naturaleza de la fe que salva. Quien cree en Jesús se compromete a una vida de amor y obediencia confiada a ÉL. A menos que esto sea fundamentalmente cierto en la experiencia de una persona, la fe no está presente” (Robert Picirilli - “Discipleship”. Cap. 9).

"Todos los que han sido convertidos del pecado a la santidad deben hacer una profesión pública de su fe, someterse a las ordenanzas de la casa de Dios y unirse a alguna Iglesia de discípulos de Cristo" ("Catecismo Según las Escrituras" de 1834. P.109).


Así como Jesús “vio la fe” del paralítico y de sus amigos (Lucas 5:20), la persona salvada en Cristo tiene nuevos afectos (Mateo 13:44-46; Lucas 19:1-9; 7:41-47) que producen una nueva voluntad dominante (él es uno de esos “algunos” que “quieren ir en pos de” Jesús). Por eso tiene una nueva lealtad fundamental (“negándose a sí mismo y tomando su cruz cada día”), lo cual le da una nueva dirección de vida (“sigue” a Jesús). ¡Es una forma de vida identificable (Mateo 7:17-21), en la que la inteligencia y la voluntad son rendidas al Señor!


“Cuando una Persona es verdaderamente convertida, es llevada cautiva a una sujeción sin reserva a toda la voluntad de Dios conocida. 

Aquí se observa frecuentemente una diferencia importante entre la verdadera santidad del verdadero creyente y aquella consideración del que simplemente dice creer” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. XI.2).


81. “UNA OBRA PROGRESIVA”

La determinación de seguir a Jesucristo es desde el primer día, pero la realización práctica es un proceso de rendición que se profundiza y perfecciona por toda la vida. El “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834, explica: "La santificación es también la consagración del alma y del cuerpo para el servicio santo. Es una obra progresiva... en la cual la voluntad (del cristiano) es llevada a una completa sumisión a la voluntad de Dios" (X).


El cristiano va “creciendo en gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18) y así Dios va llevando a “la voluntad (del cristiano) a una completa sumisión a la voluntad de Dios".

“Esta obra, por tanto, es el progreso gradual del alma hacia la perfección espiritual y hacia esa dulzura necesaria para disfrutar de un cielo santo. Nuestra gran y ferviente aspiración debería ser la santificación plena: que todo pecado sea destruido, que se preserven todas las gracias y virtudes cristianas, que glorifiquemos a Dios en todo y que, finalmente, alcancemos la plenitud necesaria para todos los santos servicios y ocupaciones del templo de Dios en el cielo” (Jabez Burns - “El Joven Cristiano” de 1844. Pág. 28).

John Buzzell: “Las Escrituras señalan el deber del creyente y le dicen que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y siga a Cristo en sus ordenanzas y en sus ejemplos imitables; que renuncie a toda impiedad y concupiscencia mundana, y viva sobria, justa y piadosamente en este mundo presente; que vele y ore para no entrar en tentación; que haga bien a todos los hombres según tenga oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe” (”Religious Magazine”. No. 1. Vol. II. Agosto de 1820. Pág. 14).


¡Esta rendición al señorío de Cristo en cada aspecto es la gran victoria para todas las batallas, la vida de comunión con Dios y la máxima posible felicidad de este lado de la eternidad! 

“Todos aquellos que obedezcan fielmente al Señor Jesucristo, conforme al conocimiento y poder que Dios les ha dado para caminar en la vida, verdaderamente tienen la paz de conciencia, estando libres de angustia de espíritu y teniendo sus corazones confortados por el Espíritu Santo” (”La Fe y Práctica de las Treinta Congregaciones” de 1651. XLIII).





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