confesión de fe


2- SER Y ATRIBUTOS DE DIOS


“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:

“Las Escrituras enseñan que hay un solo Dios verdadero y vivo, que es Espíritu, autoexistente, eterno, inmutable, omnipresente, omnisciente, omnipotente, independiente, bueno, sabio, santo, justo, y misericordioso; el Creador, Preservador, y Gobernador del universo; el Redentor, Salvador, Santificador, y Juez de los hombres; y el único objeto apropiado de adoración” (I). 

“Confesión Estándar” Bautista de 1660:

“De quien son todas las cosas, desde la eternidad hasta la eternidad, glorioso e inefable en todos sus atributos” (I).


6. “DE QUIEN SON TODAS LAS COSAS”

Del “único Dios verdadero” (Juan 17:3) “son todas las cosas, desde la eternidad hasta la eternidad”, como afirma la “Confesión Estándar”, porque de ÉL “proceden todas las cosas” (1 Corintios 8:6). “ÉL es el Origen, o la gran Causa Eficiente de todas las cosas” (“Breve Declaración de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. I.1).

“La primera representación que Dios nos da de sí mismo en su Palabra es que ÉL es el Creador de todas las cosas. ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’ (Génesis 1:1), y toda criatura viviente, bestia y reptil, ave alada, todo ser que se mueve en los mares, toda planta de la tierra y hierba del campo, juntamente con todas las lumbreras de los cielos. Todas las cosas fueron formadas por su poder; fueron llamadas a la existencia por el movimiento de su voluntad, y deben ser dedicadas a su honra y gloria y empleadas perpetuamente en su servicio” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.1).

Romanos 11:36:

“Porque de ÉL, y por ÉL, y para ÉL, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”.


Las primeras palabras de las Escrituras en Génesis nos revelan que Dios es el principio y la fuente de todo cuanto existe (Nehemías 9:6).

El término hebreo traducido como “creó” es bará. Se trata de una palabra empleada en las Escrituras para la acción creadora de Dios: traer algo a la existencia sin depender de ninguna realidad previa (ex nihilo - de la nada). El ser humano, cuando crea, utiliza aquello que ya existe para producir algo diferente; Dios, en cambio, trae a la existencia aquello que antes no existía.


7. “FUENTE DE TODA PERFECCIÓN Y FELICIDAD”

"Quien no tiene ni principio ni fin” (”Catecismo de San Pablo” Bautista de 1687), quiso traer a la existencia al ser humano y el hábitat destinado para él: los Cielos y la Tierra.


Dios decidió relacionarse con aquello que creó. Cuando las Escrituras enseñan que Dios creó al hombre y su hábitat, no solamente revelan que ÉL es el Creador, sino que presentan desde el comienzo un indicio fundamental: ÉL quiso traer a la existencia (Apocalipsis 4:11).

La razón de este acto creador debe comprenderse a la luz de una verdad fundamental revelada en 1 Juan 4:8:

“Dios es amor”.

ÉL es “aquel que nos amó” (Romanos 8:37) “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4).


En ese amor, Dios concedió al ser humano “el fin principal de llevar la imagen de nuestro Creador, para gobernar este mundo (Génesis 1:26-27), y para vivir en obediencia al Creador (Génesis 1:26; 2:17), en el disfrute de todas las buenas cosas” (”Catecismo de San Pablo” bautista de 1687. 1).


8. EL CARÁCTER DE DIOS ES LA NORMA

Dios no solo es el origen del universo físico y tangible —los cielos, la tierra y el ser humano—, sino también de toda realidad inmaterial y moral. Atributos como el amor, la justicia, la verdad, la santidad y la bondad no son conceptos abstractos que existen independientemente de Dios, sino que tienen su origen, definición y perfección únicamente en su propio Ser.


Así afirmamos que, debido a que el ser humano es finito y su entendimiento está afectado por el pecado, nuestra concepción natural de la justicia y el amor es limitada, confusa y, a menudo, errada. Por lo tanto, nuestras ideas morales deben ser constantemente juzgadas, corregidas y reformadas por la revelación de quién es Dios.


Y afirmamos que todo lo que Dios ha hecho, decretado u ordenado a lo largo de la historia —tal como está registrado en las Sagradas Escrituras— es la manifestación pura de la verdadera justicia, el verdadero amor y la verdadera bondad. Ninguna acción de Dios puede ser contraria a Su naturaleza perfecta.


Por tanto:

Rechazamos que Dios pueda ser juzgado, evaluado o condenado a partir de conceptos humanos o previos de moralidad.

Rechazamos el error de quienes, al leer los juicios o decretos divinos en las Escrituras, acusan a Dios de ser injusto, cruel o falto de misericordia. Sostenemos que el problema no radica en los actos de Dios, sino en la arrogancia de la mente humana al intentar someter al Ser Supremo a los tribunales de la ética de sus propias criaturas.


9. LA AUTORIDAD SUPREMA

Efesios 4:6: 

“Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.


Salmo 47:7: 

“Porque Dios es el Rey de toda la tierra…”.


Dios es la plenitud de poder, el Amo sobre todos los poderes, en quien están concentrados todos los poderes de la eternidad y la infinitud. Quien no depende de nada ni necesita de nada para realizar cuanto determina hacer. 

Arístides, cristiano de Atenas, escribió acerca de Dios alrededor del año 125 d.C.:

“No nacido, no creado, naturaleza eterna, sin principio ni fin (Deuteronomio 33:27), inmortal, perfecto e incomprensible. Sin necesidad de nada, sino que todas las cosas necesitan de ÉL”.


10. DIOS DA ÓRDENES

Dios posee autoridad suprema sobre todas las cosas. Por esta razón, al traer la creación a la existencia, simplemente ordena, y aquello que ÉL ordena acontece. “Todas las cosas fueron llamadas a la existencia por el movimiento de su voluntad” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.1).

Génesis 1:3-11 declara:

“3 Y DIJO Dios: SEA la luz; y fue la luz. 

4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 

5 Y LLAMÓ Dios a la luz Día, y a las tinieblas LLAMÓ Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.

6 Luego DIJO Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 

7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 

8 Y LLAMÓ Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

9 DIJO también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.

10 Y LLAMÓ Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas LLAMÓ Mares. Y vio Dios que era bueno. 

11 Después DIJO Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así”.


De esta manera Dios, como autoridad suprema, fue creando todas las cosas: ordenando primeramente su existencia y determinando después aquello que cada elemento de su creación debía hacer.


Este mismo principio se manifiesta en la creación de los seres de las aguas y de los cielos (Génesis 1:20-22), los seres vivientes de la tierra (Génesis 1:24-25) y el ser humano (Génesis 1:26,27).


Dios, como autoridad suprema, ordena que aquello que no existía venga a la existencia y determina posteriormente aquello que cada elemento creado debe hacer.


Asimismo Dios creó a todos los seres espirituales y las esferas espirituales (Colosenses 1:16).


Dios, como autoridad suprema, ordena que las cosas existan y determina aquello que sus criaturas deben hacer y qué sucederá si nos rebelamos a ÉL.

En el principio vemos que Dios le ordenó a Adán qué debía hacer. 

Génesis 1:28:

“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.


Le ordenó qué no debía hacer:

Génesis 2:16,17:

“16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás…”.


Y luego le dijo qué sucedería si se rebelaba a su orden:

Génesis 2:17:

“… porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.


“Cuando Dios creó a Adán, para que ahora no olvidara a Dios, le dio una justa Ley para obligarle a su Creador, en debida obediencia” (Thomas Grantham - “Christianismus Primitivus”. Libro I, Cap. I, Sección 1).


Este Dios “Todopoderoso exige y demanda nuestra obediencia completa y sin reserva, y la consagración de todos nuestros poderes a su servicio” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. III). 

Salmo 103:19:

"Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos".


Eclesiastés 12:13: 

"El fin de todo el discurso oído es: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre".


11. “PRESERVADOR Y GOBERNADOR”

Y Dios no solamente es la autoridad suprema que ordenó la existencia de todas las cosas y determinó el propósito de sus criaturas, sino también Aquel que sustenta continuamente todo cuanto existe (Salmo 104; Hechos 17:28).


Las Escrituras presentan a Dios como quien dirige, guarda y provee permanentemente para su Creación. ÉL es el “Preservador y Gobernador del universo” (”Tratado sobre la Fe” bautista de 1834). ÉL es “el generoso Dador de todas nuestras bendiciones y la fuente de toda nuestra felicidad” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.1), “la fuente de toda perfección y felicidad” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. I).

“Dios gobierna todos los acontecimientos y sostiene la naturaleza universal; dispone, administra y dirige todas las cosas” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.2). “Consideremos cuán cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos… Porque escudriñador es el Señor de pensamientos e intenciones. Su aliento está con nosotros, y cuando ÉL quiera nos lo quitará” (Clemente de Roma - Primera carta a los corintios, XXI, 3,9).


Jesús enseñó que Dios conoce aun cuando el pájaro más insignificante cae muerto a tierra (Mateo 10:29), y que aun los cabellos de nuestra cabeza están todos contados (Mateo 10:30).

Un segundo sin el poder de Dios y todo desaparecería. La materia no es Dios, pero Dios está en todo, y nada puede obrar o existir si no es por ÉL.

Santiago 1:17 y Mateo 5:45 enseñan que todo bien proviene de Dios. Hechos 17:25 declara que ÉL

“es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas”.


Isaías 40:12-15 declara:

"12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados? 

13 ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? 

14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?

15 He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas".


La tarea de gobernar y sustentar todo cuanto existe no agota ni limita el poder de Dios. Las naciones son delante de ÉL como una gota de agua que cae de un cubo y como el polvo menudo sobre una balanza.

Así como para un bebé el acto de caminar requiere toda su atención mientras que un adulto puede hacerlo casi sin pensarlo, así también este planeta, frente a la inmensidad de Dios, no representa carga ni dificultad alguna para su poder.


12. “GLORIOSO E INEFABLE EN TODOS SUS ATRIBUTOS”

“El modo de su existencia es un asunto muy superior al entendimiento del ser humano. Los seres finitos no pueden comprenderle. No hay nada en el universo que pueda representarle justamente, porque no hay nadie semejante a Él. ¡Tal es el carácter de Dios!” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. I).


Todo aquello que los seres humanos podemos explicar pertenece a la esfera de la realidad que conocemos: tiempo, materia y espacio. Aun la imaginación humana más extraordinaria solamente puede combinar elementos que ya conoce. Quien imagina, por ejemplo, leones que vuelan y cantan, no hace sino reunir realidades previamente conocidas: 

leones, 

seres que vuelan 

y seres que cantan.


Por más extraordinaria que sea nuestra imaginación, permanece limitada a combinaciones de aquello que de algún modo conocemos.


Dios, en cambio, es Espíritu (Juan 4:24) y habita en una esfera espiritual que no conocemos. Puede ser comparada, de manera ilustrativa, con aquello que algunos científicos han denominado “universos paralelos de Nivel IV”, en los cuales se presupone que aun la materia, la energía, la cantidad de movimiento, las leyes físicas y las constantes podrían ser diferentes. Se trata de una realidad que no tenemos capacidad natural de percibir y acerca de cuya naturaleza los seres humanos no poseemos conocimiento directo.


Según 2 Corintios 12, Pablo “fue arrebatado hasta el tercer cielo”. Él mismo declara no haber comprendido plenamente lo sucedido, pues no sabía si había sido “en el cuerpo o fuera del cuerpo” (2 Corintios 12:2). Allí “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12:4). La Nueva Traducción Viviente expresa la idea diciendo que oyó cosas tan extraordinarias que no podían ser expresadas con palabras.

Por esto la “Confesión Estándar” cita Isaías 40:28: 

“¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance”.


Dios es el Ser Todopoderoso cuya naturaleza y cuya esfera de existencia superan absolutamente nuestra comprensión. Los teólogos de la Edad Media tenían una frase que se volvió un principio dominante para toda la teología posterior: “Lo finito no puede aprehender (o contener) lo infinito”,

Así confesamos junto con la “Confesión Estándar” que Dios es “glorioso e inefable en todos sus atributos”. 

Job 36:26 declara: “Dios es grande, y nosotros no le conocemos”.

Asimismo, 1 Timoteo 6:16 afirma que Dios “habita en luz inaccesible, a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”.

Por esta razón, Agustín afirmó en el siglo IV:

"Si lo comprendieras, no sería Dios” (“Sermones”. 52,6,16).


CONCLUSIÓN

Por lo tanto, afirmamos que 

ES LÓGICO, BUENO Y JUSTO QUE DIOS SEA EL CENTRO DE LA EXISTENCIA. 

“Dios es el único objeto apropiado de adoración… ÉL es digno de ser amado y servido por todos los seres inteligentes” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. I). “A ÉL pertenecen para siempre nuestro amor, gratitud y alabanza (Salmo 148), y en ÉL debe descansar continuamente nuestra fe” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.2).

Salmo 145:10: “Te alaben, oh Jehová, todas tus obras”.





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