confesión de fe


11- SANTIFICACIÓN


 “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:

“La santificación es una obra de la gracia de Dios por la cual el alma es limpiada de todas las contaminaciones del pecado y renovada conforme a la imagen de Dios” (X).

“Aquel que llama (Romanos 8:30), cuya pureza y santidad es indescriptible, no permite que ninguna persona (o cosa) impura esté en su presencia. Por lo tanto, su decreto de misericordia alcanza solo al hombre piadoso, a quien (dice David) Dios ha apartado para sí (Salmo 4:3)” (“Confesión Estándar” de 1660. VIII).

Dios “no solamente concede la gracia de la justificación, sino también la de la santificación. ÉL es un Dios Santo, que quiere que su pueblo sea un pueblo santo y santificado” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XVI. 1).

1 Tesalonicenses 4:3:

“Pues la voluntad de Dios es vuestra Santificación…”.


58. LA PRIMERA PARTE EN LA QUE “EL ALMA ES LIMPIADA”

El “Tratado sobre la Fe” explica que “la santificación es una obra de la gracia de Dios”. Al ser justificados en Cristo, Dios comienza en el cristiano su obra de santificación. 

“La santificación es tanto un acto como un proceso. 

Es un acto de Dios en el momento de la salvación, mediante el cual el creyente se consagra a Dios y se aparta del mal del mundo (Hebreos 10:10,14). Como un proceso, ya que la santificación es un crecimiento continuo del creyente en la gracia de Dios” (J. D. O’Donnell - “Free Will Baptist Doctrines”. Pag.92).


En lo primero, en ese primer acto de Dios de salvación y regeneración, ÉL limpia a la persona que cree en Jesús. Ya hay una verdadera y profunda transformación.

1 Corintios 6:9-11:

“9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios”.


“lavados… santificados” luego de haber “sido justificados en el nombre del Señor Jesús”. 

Hay una separación, consagración, santificación. “El alma es limpiada de todas las contaminaciones del pecado“. Y esto “por el Espíritu de nuestro Dios” (ver también 2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2). 


“Si recibimos la salvación, el perdón del pecado será nuestro y habrá un cambio en nuestra experiencia con Dios y con el pecado.

El problema ocurre cuando decimos a la gente que puede ser

perdonada y luego dejamos la impresión de que un cambio en su experiencia es algo opcional.

La persona que ejerce la fe salvífica, reconoce que el propósito de la salvación es perdonar a las personas de sus pecados y restituirles a la experiencia de la santidad.

Tal persona reconoce que es una pecadora. Ve al pecado como algo muy serio. Se ve a sí misma como indigna y condenada. Experimenta convicción de pecado. El problema del pecado es real en su mente y en su corazón. Quiere que se haga algo en cuanto al pecado en su vida. Anhela ser perdonada, ser cambiada” (F. Leroy Forlines - “La Búsqueda de la Verdad”. Cap. 13).


59. LA SEGUNDA PARTE EN LA QUE “EL ALMA ES LIMPIADA”

Pero, “aunque en la regeneración el alma es santificada, mientras el cristiano permanece en estado de prueba (en esta vida), tiene que luchar contra las corrupciones de la naturaleza y está expuesto a contaminarse nuevamente (Gálatas 5:17)” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. X).

Así, enseguida comienza la segunda parte, el “proceso” del cristiano. Esta es “la santificación (como un) apartamiento del alma y del cuerpo para el servicio santo. Es una obra progresiva por la cual el cristiano obtiene victoria sobre toda tentación, corrupción e inclinación pecaminosa” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. X).


Cuando el cristiano comienza su camino en Cristo, “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad le son dadas” (2 Pedro 1:3), pero eso que le fue confiado en Cristo debe ir creciendo en la realidad práctica, aplicada. Se necesita crecer en la capacidad que Dios da.

2 Pedro 3:18:

“Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo…”.


60. “RESIGNACIÓN A LA VOLUNTAD DE DIOS”

De esta manera la persona va hacia “adelante a la perfección” (Hebreos 6:1), para “estar firme, perfecta y completa en todo lo que Dios quiere” (Colosenses 4:12). Es un proceso “en el cual su voluntad es llevada a una completa sumisión a la voluntad de Dios” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. X).

Mateo 7:21:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.


Romanos 12:1:

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.


Este avance “en el cual su voluntad es llevada a una completa resignación a la voluntad de Dios” es absolutamente clave para el total de la vida en Cristo. De esto depende plenamente su progreso o retroceso.

Esta es la “santidad evangélica… la cual es una conformidad de la mente con la imagen de Dios. Está asentada en la mente, pero se manifiesta en la vida. Una conformidad, en calidad, con la ley moral. Sin embargo, producida por el Evangelio. Diferente de la mera formalidad” (“Fundamento de la Religión”. XI. 1).

John Buzzell: “La palabra santificación, en las Escrituras, implica tres cosas cuando se aplica a las almas de los hombres:

1. Un acto de gracia divina, por el cual los hace santos y les concede libertad del dominio del pecado.

2. El privilegio de ser santos. 

3. El deber de ser santos. 

Como gracia, nos es dada en Cristo Jesús, quien de Dios ha sido hecho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y es obrada en nosotros por su Santo Espíritu. Como privilegio, es inexpresable; porque por ella somos librados del dominio del pecado, y renovados conforme a la imagen de Dios, en conocimiento, justicia y verdadera santidad. Y como deber, estamos bajo las más solemnes obligaciones de estudiarla y practicarla; pues sin ella nunca podemos ser verdaderamente felices, ni aquí ni en el más allá. Además, es evidente que debe completarse en el tiempo; porque sin santidad nadie verá al Señor” (”Santificación” de 1822 en “General Baptist Repository”).


61. OBRA DE DIOS Y DEL SER HUMANO

Es una obra de Dios en aquel que está en Cristo (Romanos 15:16).

1 Tesalonicenses 5:23:

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.


Hebreos 13:20,21:

“20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,

21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.


Pero a la vez el cristiano es llamado a santificarse.

2 Corintios 6:17-7:1:

“17 Por lo cual,

salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,

y no toquéis lo inmundo;

y yo os recibiré,

18 Y seré para vosotros por Padre,

y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

1 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.


2 Pedro 3:13,14:

“13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”.


62. “OBEDIENCIA COMPLETA A SU VOLUNTAD”

“Alcanzar una santificación completa en esta vida es a la vez privilegio y deber de todo cristiano. Porque así como el pecado es odioso delante de Dios, Cristo murió para salvar a su pueblo de él, y el Evangelio tiene poder suficiente para completar la obra durante este estado de prueba.

Los requerimientos y privilegios de la doctrina bíblica de la santificación son sumamente elevados. Aunque muchos dudan de que el cristiano pueda llegar a ser perfecto en esta vida, esta doctrina está claramente sostenida en las Sagradas Escrituras. No entendemos, sin embargo, que el cristiano pueda llegar a ser perfecto en sus facultades y poderes, ni en el mismo sentido en que Dios es perfecto; sino que, de acuerdo con la capacidad que el Señor le ha dado, puede rendir obediencia completa a su voluntad” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. X).

Santiago 1:4:

“Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”.


Lucas 21:34-36 (Jesús hablando de su segunda venida):

“34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre”.


“En virtud de (la obra de santificación), el cuerpo del pecado es destruido. Romanos 6:5,6:

‘5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado’.

Las diversas concupiscencias son cada vez más debilitadas y mortificadas, mientras ellos son cada vez más vivificados y fortalecidos en todas las Gracias salvadoras para la práctica y el ejercicio de toda verdadera Santidad, sin la cual ningún Hombre verá al Señor.

Hebreos 12:14:

‘Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor‘.


Sin embargo, (necesita quedar claro), que la santificación es imperfecta en esta vida; pues mientras permanecemos aquí, en este estado imperfecto, permanecen todavía restos de corrupción en cada parte, de donde surge una guerra continua: la carne contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne (Gálatas 5:17).

1 Pedro 2:11:

‘Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma’.


En esta Guerra, aunque la corrupción que permanece pueda a veces, mediante la tentación, prevalecer contra los mejores siervos de Dios, sin embargo, a través del continuo suministro de fuerza procedente del Espíritu Santificador de Cristo, comunicado a ellos en el camino de su deber, esperando en el Señor en sus santas Ordenanzas (Santiago 4:8), la parte Regenerada vence.

Y así los santos prosiguen hacia una vida celestial, en obediencia a todos los Mandamientos del Señor Jesucristo, su Cabeza y Rey“ (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XVI. 2-4).


63. “EL GRAN PROPÓSITO DE DIOS EN EL EVANGELIO”

“Este fue uno de los grandes propósitos del Señor al entregarse a sí mismo por su Iglesia (Efesios 5:25-27).

Y con el mismo propósito ha dado a su pueblo una santa Ley de Gracia, que no tiende a otra cosa sino a promover la Santidad; en la cual ha establecido santas Ordenanzas para que su pueblo las observe, y les comunica su Espíritu Santo (Romanos 8:9), para que sean un pueblo Santo y Santificado, sin mancha ni arruga ni cosa semejante.

Porque son las manchas y deformidades del pecado las que hacen a las personas desagradables a los ojos del Señor. 

El gran propósito de Dios en el Evangelio es preparar ahora, en este Día de Gracia, un pueblo Santo, mediante la poderosa operación de su Palabra y Espíritu; preparado y dispuesto no solamente para ser desposado con el Santo Jesús mientras está aquí, sino para estar con ÉL donde ÉL está, o estará, en su santa Morada, en la Gloria venidera.

El Salmos 24:3,4 afirma: ‘¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón…’” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XVI. 1).


Oramos junto a Clemente de Roma en el año 95 d.C.: “Purifícanos con la purificación de tu verdad y endereza nuestros pasos en santidad de corazón, para caminar y hacer lo acepto y agradable delante de ti” (Primera carta a los corintios, LX, 2). 





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