confesión de fe
10- REGENERACIÓN
“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:
“Como Dios es un Ser santo y el Cielo un lugar santo, el ser humano debe ser regenerado antes de poder entrar en un estado de felicidad (Apocalipsis 21:27)” (IX).
51. “EL SER HUMANO DEBE SER REGENERADO”
Dios prometió por medio de sus profetas que, con la llegada de su Hijo, el Espíritu Santo obraría de una manera sin precedentes (Isaías 32:15; 44:3,4; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 11:19,20; Joel 2:28,29).
Jeremías 31:33,34:
“33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.
34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.
El glorioso nuevo pacto en Cristo traería una doble gracia para el pecador:
perdón de pecados: ”perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”,
y novedad de vida, en la que el pueblo de Dios estaría capacitado para la obediencia: “para que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Ezequiel 36:25-27:
25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
De esta profunda transformación habló nuestro Señor Jesucristo: “el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Juan 3:3), y enseguida: “os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7).
De esto mismo habló el apóstol Pablo, refiriéndose al “lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).
El resultado es una “nueva creación” (Gálatas 6:15), “hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras” (Efesios 2:10). “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (2 Corintios 5:17).
52. “RESURGIMIENTO CON ÉL”
"El Apóstol Pablo... ha mostrado plenamente la concordancia entre el Bautismo y la muerte, sepultura, resurrección de Cristo, con nuestra muerte al pecado, sepultura y resurgimiento con ÉL a una nueva vida.
Romanos 6:4:
‘Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva’ (Thomas Grantham - “Christianismus Primitivus”. Libro II, Cap. II. Sección 2).
El Padre resucitó a Jesús (Gálatas 1:1; Hechos 2:24; Romanos 10:9), así, al creer en ÉL, nos resucitó a una nueva vida en Jesús.
Efesios 2:5,6:
“5 Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
6 y juntamente con él nos resucitó…”.
Dios nos “hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).
Lo cual es anticipo de la “resurrección” final (1 Corintios 15:12-57), la “regeneración” en la venida del Señor (Mateo 19:28).
53. “POR LA GRACIA Y EL ESPÍRITU DE DIOS”
“Este cambio es una renovación instantánea del alma por la gracia y el Espíritu de Dios, mediante la cual el pecador penitente recibe nueva vida, llega a ser hijo de Dios… y participa de la naturaleza divina” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. IX).
Quien se arrepiente y cree en Jesús recibe “por la gracia” (sin ningún mérito propio, y puramente por los méritos de Cristo) el milagro de la regeneración. El Espíritu Santo forma en el nuevo creyente “un nuevo hombre, creado según Dios” (Efesios 4:24), implantando algo de la vida de Dios en él.
2 Pedro 1:4:
“Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia”.
El cristiano llega “a ser participante de la naturaleza divina” porque ahora, en Cristo, es “morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22), “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19), debido a que “el que se une al Señor, un espíritu es con ÉL” (1 Corintios 6:17).
El Espíritu Santo ya no solo está con él, sino en él (Juan 14:17).
54. “NACIDOS DE DIOS”
“Los cristianos no solo son hijos de Dios por adopción (Efesios 1:5), sino también por regeneración. Así son nacidos de Dios, o del Espíritu (Juan 3:6)” (“Catecismo de San Pablo” de 1687. “Oración”. 4).
Juan 1:12,13:
“12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
55. “SATISFACCIÓN Y DELEITE EN TODO AQUELLO QUE ES CELESTIAL Y DIVINO”
Esta transformación del Espíritu Santo “no es en sentido físico, sino moral. Mediante la regeneración no se forman nuevos poderes naturales en el alma del ser humano; sino que sus facultades, poderes y pasiones son ahora dirigidos hacia objetos nuevos y diferentes, y quedan fijados en ellos. Reciben una nueva inclinación y son ocupados en vistas y búsquedas nuevas y diferentes.
El entendimiento es iluminado y posee ideas y sensaciones distintas acerca de las cosas espirituales y experienciales. Los deseos quedan fijados en Dios y en la santidad. La voluntad se somete a la voluntad y a la Palabra de Dios. Y la persona renovada encuentra satisfacción y deleite peculiares en todo aquello que es celestial y divino” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. X.1). “Esta renovación de su alma produce naturalmente santidad en el corazón y en la vida; esta santidad es el medio para prepararnos para los gozos y ocupaciones del mundo celestial, y para conservar en nuestras almas una sólida conciencia de nuestra participación en el Señor y de nuestro derecho a la gloria; así como para dar buen ejemplo a los hombres y recomendar la causa de nuestro bendito Redentor al mundo” (“Artículos de Religión” de 1770. V).
“El nuevo nacimiento obra en una persona de tal manera que ciertamente tenemos fundamentos sólidos para creer que perseverará en la fe. Mediante el nuevo nacimiento, la persona se convierte en una nueva criatura (2 Corintios 5:17) y posee una nueva naturaleza. Esta nueva naturaleza en su interior siente hambre y sed de las cosas de Dios. También surge un rechazo hacia las cosas del pecado. Con este cambio obrado en su corazón, quien ha nacido de nuevo nunca más estará satisfecho aparte de un caminar cercano con Dios” (F. Leroy Forlines - “Systematics”. Pag. 219).
56. “ANTES DE ESTAR UNIDOS A JESÚS”
Todo esto nos lleva a la rotunda certeza de que una persona que no nació de nuevo está absolutamente incapacitada para desear lo que debe desear y hacer lo que debe hacer.
"Ninguna santidad que pueda agradar a Dios puede alcanzarse antes de estar unidos a Jesús y recibir de ÉL vida espiritual y una nueva naturaleza mediante la fe viva" (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VII).
Romanos 8:5-8:
“5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”.
1 Corintios 2:14:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”.
57. PALABRAS DE ADVERTENCIA PARA LA VERDADERA CONVERSIÓN
La regeneración no debe confundirse con la mera profesión de fe, la participación en las actividades de la Iglesia o la adopción externa de costumbres cristianas. Si Dios es quien “nos dio vida cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1), quien todavía no ha recibido esta vida permanece espiritualmente muerto, aunque tenga “apariencia de piedad” (2 Timoteo 3:5) y “nombre de que vive” (Apocalipsis 3:1).
Por esta razón, nuestro Señor advirtió que algunos que esperan entrar en su Reino oirán finalmente: “De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:12).
John Bunyan escribió al respecto: “Hay frecuentes advertencias en las Escrituras:
‘No os engañéis’.
‘Pruébese cada uno a sí mismo’.
‘Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe’.
(Gálatas 6:7; 1 Corintios 11:28; 2 Corintios 13:5).
Todas estas expresiones nos dan a entender que puede existir apariencia de gracia, algo muy parecido a la gracia, allí donde en realidad no hay gracia alguna.
Todos aquellos profesantes que no poseen una fe que brota de haber nacido de Dios, procurarán entrar, y no podrán” (“The Strait Gate”. V).
Por consiguiente, es posible participar de las actividades y ministerios de la Iglesia visible durante décadas sin haber experimentado jamás arrepentimiento, fe en Jesús y nuevo nacimiento.
Quienes viven en este autoengaño jamás se dispusieron a llegar hasta la Cruz cargando con una conciencia que enfrenta la gravedad de su miseria y fracaso, confrontados por la Palabra de Dios y la luz del Espíritu Santo, percibiendo la santidad de Dios y el merecimiento de su condenación eterna.
Simplemente optaron por huir mediante distracciones diversas y constantes, llevando una vida de superficialidad, en lugar de huir de esta “perversa generación” (Hechos 2:40) hacia Dios. Y aún sus actividades y afirmaciones religiosas les aprovecharon para resistir al Espíritu Santo (Hechos 7:51).
Quienes se sientan bajo la Palabra de Dios, acumulando para sí años de predicaciones, estudios bíblicos y consejos, pero prefieren seguir sus propios caminos, acarrean sobre sí mayor condenación.
Lucas 12:47,48 (Jesús dijo):
"47 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.
48 Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá".
En la verdadera conversión, el Espíritu Santo lleva al pecador a dejar de esconder su condición delante de Dios, abandonar sus justificaciones y atajos, y reconocer su pecado y su necesidad de Cristo. ÉL genera aquella “tristeza que es según Dios”, la cual “produce arrepentimiento para salvación” (2 Corintios 7:10).
Así la obra regeneradora del Espíritu produce aquella nueva y profunda disposición de la que habló Jesús.
Jesús dijo según Lucas 9:23:
“… Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.
El cristiano posee esa característica esencial: “quiere” (Lucas 9:23). Este es el “querer” que marca toda la diferencia. La voluntad del cristiano busca decidida “ir en pos” de Jesús, minimizando las dificultades de “negarse a sí mismo y tomar su cruz cada día”, para poder “seguirle”.
Es imposible considerarse cristiano sin poseer este “querer” que produce el “negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día, y así seguirle”.
El “querer” del falso cristiano, por el contrario, usará la religión apenas como un alivio de las tensiones de la vida, para calmar su culpa e intentar lograr que las circunstancias sean según su gusto.
El verdadero nuevo nacimiento se manifiesta claramente en una voluntad que anhelando profundamente rendirse, clama como el apóstol Pablo en el día de su conversión: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" (Hechos 9:6).
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