confesión de fe
19- LA COMUNIÓN O CENA DEL SEÑOR I
- “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:
“El día de reposo (domingo desde la resurrección de Cristo) es una séptima parte del tiempo que, desde la creación del mundo, Dios apartó como día de sagrado, reposo y santo servicio. Su obligación se enseña tanto en el Antiguo (Éxodo 20:8-10) como en el Nuevo Testamento (Lucas 23:56; comparar con Mateo 5:19; Marcos 10:19), y debe continuar juntamente con los demás mandamientos hasta el fin del tiempo. Como la ley del sábado fue dada al principio al mundo entero, exige que todos los hombres se abstengan en ese día de todo trabajo servil y se consagren enteramente al servicio del Dios que los hizo” (XII).
Este día “es deber perseverar en la doctrina de Cristo y de los apóstoles, y reunirse en comunión, en el partimiento del pan y la oración” (“Confesión Estándar” de 1660. XIII).
99. “PARTIMIENTO DEL PAN”
La Confesión Estándar hace referencia a la primera Iglesia en Jerusalén, la cual, según Hechos 2:42, “perseveraba en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”. Históricamente se entiende que ese “partimiento del pan” es la Cena del Señor o Comunión. Así Thomas Grantham en 1678 escribió: “Los títulos por los cuales este servicio es conocido en la Escritura son estos: la Mesa del Señor, la Cena del Señor, la Comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo, el Nuevo Pacto en su Sangre, el Partimiento del Pan; cuya variedad de expresiones puede mostrarnos la gran abundancia de esta ordenanza en las cosas sagradas presentadas por ella” (”Christianismus Primitivus”. Pág. 335).
100. “ES DEBER”
Por consiguiente, la Confesión Estándar afirma que para todo cristiano es “deber perseverar en el Partimiento del Pan” o Cena del Señor.
El fundamento de esta obligación radica en que fue Jesucristo mismo, “el gran Comandante en este servicio” (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 344), quién la instituyó y quién ordenó que participemos.
1 Corintios 11:23-25:
“23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;
24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”.
Este pasaje no solo nos enseña el centro principal de la Comunión y cómo celebrarla (también en Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:19,20), sino que transmite a la Iglesia el mandato ineludible de Cristo de perpetuar esta ordenanza en su memoria, convocando a cada creyente a una participación asidua y obediente. Esta celebración reposa sobre la institución directa del Señor mismo. El apóstol Pablo reitera las palabras soberanas de Jesús: “Haced esto en memoria de mí”.
"Agradó a nuestro Señor Cristo ordenar un Memorial solemne de su muerte en el Partimiento del Pan y derramamiento del Vino con bendición, para ser religiosamente observada por sus seguidores hasta su venida para juzgar tanto a vivos como a muertos… Algunos tienen la audacia de rechazar esta sagrada institución, la Mesa del Señor, y no hacen menos que deshonrar a Cristo mismo, que habló desde el Cielo, y sobre cuya autoridad esta ordenanza está construida… Vemos entonces que esta ordenanza de Cristo es tan claramente entregada, y la perpetuidad de ella afirmada o declarada con tanta claridad como cualquier cosa mandada por Cristo" (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 334-336).
Por esto Dan Taylor escribió: “Sé diligente y constante en todas las ordenanzas de la Iglesia de Cristo. La bondadosa promesa que nunca falla es: ‘Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas’ (Isaías 40:31). Está atento a la Cena del Señor, la cual fue ordenada a todos los cristianos y no puede ser omitida sin pecado muy evidente y pérdida irreparable para el alma” (”Fundamentos de la Religión”. Pág. 220).
Por tanto, el creyente que, sin mediar un impedimento de fuerza mayor, se abstiene del bautismo y de la participación en la Comunión dentro de la congregación, incurre en pecado de desobediencia manifiesta ante Aquel que lo ordenó.
101: IMPORTANCIA DE LA CENA DEL SEÑOR
La "Comunión" (1 Corintios 10:16), "Cena del Señor" (1 Corintios 11:20) o "partimiento del pan" (Hechos 2:42; 20:7), ocupa un lugar central y preeminente en el culto congregacional, conforme al modelo eclesiológico del primer siglo.
Las Escrituras testifican que los cristianos se reunían el domingo con el propósito distintivo de celebrar la Cena del Señor.
Hechos 20:7:
“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”.
La reunión de la Iglesia, en el primer siglo, se llevaba a cabo alrededor de una mesa durante una cena. Se comía, oraba, leía, enseñaba, cantaba y se participaba de la Santa Cena.
En este marco, 1 Corintios 11:20 evidencia, aunque en este caso por medio de una exhortación, la centralidad que tenía la Cena del Señor en esas reuniones:
“Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor”.
La sintaxis del texto original refuerza esta doctrina. El apóstol emplea un participio presente en voz media, Συνερχομένων (synerjoménon), dentro de una construcción de genitivo absoluto, denotando una acción continua o habitual. Pablo no se refiere a un evento aislado, sino a la práctica establecida de la Iglesia ("Siempre que ustedes tienen la costumbre de congregarse...").
Asimismo, la frase preposicional ἐπὶ τὸ αὐτό (epi to auto — "en un mismo lugar") es un modismo griego reconocido en los léxicos estándar (como el BDAG) como una expresión técnica para la asamblea oficial de la iglesia cristiana (visible también en Hechos 2:1, 2:44; 1 Corintios 14:23). No significa simplemente "estar en la misma habitación", sino reunirse como una entidad unificada con un propósito común.
La expresión en griego significa que se reunieron para la Cena del Señor, pero su mala práctica le quitó el sentido al porqué se reunieron. El δεῖπνον (deipnon - cena) en el mundo grecorromano era la comida principal del día y un evento profundamente social. Al llamar a la reunión un kyriakon deipnon (Cena del Señor), la gramática indica que el anfitrión y dueño de la reunión es Cristo. Al traer divisiones a la reunión de la Iglesia, la convierten en una cena "propia cena" (idion deipnon). Para Pablo, una asamblea sin la verdadera "Cena del Señor" deja de ser una asamblea eclesial.
Así Anthony Thiselton explica que, en el primer siglo, la Iglesia no se reunía "para tener un servicio y luego tomar la cena", sino que la reunión era en sí misma la Cena (New International Greek Testament Commentary).
102. COMUNIÓN
“Esta ordenanza no es un sacrificio propiciatorio, sino sólo conmemorativo de ese único sacrificio que quita el pecado” (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 351).
Jesús hablando de su cuerpo, dijo: "por vosotros es dado” (Lucas 22:19). Esto sucedió una sola vez y no existe necesidad de repetirse. La obra de Jesús en la cruz fue un solo sacrificio "una vez para siempre" (Hebreos 9:24-28). Pero la Comunión es el Memorial de esto, y una continua aplicación de ese sacrificio y sus beneficios.
1 Corintios 10:16:
"La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?".
El apóstol Pablo, hablando de la Comunión, afirma que al participar de la copa se trata de la “comunión de la sangre de Cristo”. Y al participar del “pan que partimos”, se trata de “la comunión del cuerpo de Cristo".
Por esto, “los cristianos primitivos eran muy frecuentes en la práctica de esta ordenanza. Tómalo continuamente para que te aproveche continuamente. Cuanto más frecuente mejor. Como el hombre natural no se abstendrá mucho tiempo de su alimento corporal si puede obtenerlo, así tampoco el hombre espiritual descuidará la Mesa del Señor, sino que se deleitará en alimentarse allí” (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 355).
103. SACRAMENTO
No creemos en la llamada “Transubstanciación". En su naturaleza material, el pan y el vino no alteran su sustancia; en ningún momento dejan de ser pan y vino. Pero sí afirmamos que sacramentalmente es en verdad el mismo cuerpo y sangre de Cristo.
Históricamente, a causa de los excesos y supersticiones del Catolicismo Romano, los bautistas fueron y son muy cuidadosos de usar la palabra “Sacramento”, prefiriendo por lo general más bien el término “ordenanzas”.
Pero, con esa sobriedad, vemos que por ejemplo los "Antiguos Artículos de Fe" bautistas generales de 1812, declaran: "Recibimos el sacramento en pan y vino" (XVII). Y el “Credo Ortodoxo” bautista general de 1679 habla del "sacramento establecido por el Señor Jesucristo” y “la debida administración de este santo sacramento” (XXVII).
En consonancia con la definición formulada por Agustín de Hipona en el siglo V, entendemos por “sacramento” una "señal visible de algo sagrado, una forma visible de una gracia invisible" ("La Catequesis". XXVI. 50. y "Cartas". 105, III, 12).
En este sentido sacramental, la Cena del Señor es comunión con Alguien mediante la participación en algo. Es el pastor quien nos da el pan y el vino, pero al revivir la Cena del Señor en fe, es Jesús mismo quien se nos da en su cuerpo y sangre, y con su cuerpo y sangre, comparte todo lo que ÉL es y ganó para nosotros.
Se trata de “un recordatorio perpetuo para mostrar a todo el mundo el sacrificio de sí mismo en su muerte, para confirmación de la fe de los creyentes con todos sus beneficios, para su alimento espiritual y crecimiento en ÉL, para un mayor compromiso de obediencia a Cristo, y para ser un vínculo y marca de la comunión que tienen con ÉL y los unos con los otros” (“Credo Ortodoxo” bautista general de 1678. Artículo XXXIII).
El pan y el vino de la Cena del Señor, apartados del uso común y santificados por la exposición del evangelio y la oración, no cambian su sustancia (contrario al error del Catolicismo Romano), sino que permanecen verdadero pan y verdadero vino, como el apóstol los sigue llamando después de la bendición (1 Corintios 11:26-28). Ni tampoco el cuerpo de Cristo está presente corporalmente en, con o bajo el pan (como sostiene el Luteranismo).
Por el contrario, “este Pan y esta Copa son el verdadero Cuerpo y Sangre de Cristo en sentido espiritual y místico, pero no carnal y corporalmente” (Thomas Grantham - “Catecismo de San Pablo” de 1687. De la Cena del Señor).
Cristo no está encerrado en los elementos, pero está presente en la Cena por su Espíritu.
“Los comulgantes que se encuentran en una disposición correcta participan espiritualmente del cuerpo y la sangre de Cristo. Así, pues, se trata de algo más que un mero rito conmemorativo” (Moses Smart - “Una breve Exposición de la Doctrina Cristiana”. Pág. 241).
“Aquí Cristo reúne a su pueblo en su propia Mesa, como una familia. Y es esa Mesa, a la cual todos los santos deben acercarse con tal preparación que los haga aptos para la comunión en ese Cuerpo Místico, la Iglesia… (Así) los miembros comulgan juntos por la operación de ese único Espíritu Santo…ÉL bendice a los fieles observadores de lo que ha ordenado“ (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 346,350).
De manera que “por fe acá comemos la Carne del Hijo de Dios, y bebemos su Sangre. Sin fe los Sacramentos no aprovechan nada” (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 352).
“Cuando nuestro Salvador dice: ‘Esta Copa es el nuevo pacto en mi sangre’ (Lucas 22:20), ÉL muestra que la naturaleza de esta ordenanza es asegurar a los santos (como por una prenda o señal) que el Nuevo Testamento es ratificado y confirmado por la muerte del Testador…
El oficio sacerdotal de Cristo es muy ilustre e importante en este servicio, siendo el gran sacrificio de su Carne y su Sangre lo principal que debe ser siempre conmemorado en la Iglesia por esta ordenanza… Ninguna ordenanza es de mayor utilidad para establecer al pueblo de Dios en la fe que esta… Es de gran ventaja para establecer (a través de la bendición de Dios y el Espíritu yendo junto con ella) a todos aquellos que aman a Cristo, y esperan su aparición… Esta Santa Mesa del Señor está excelentemente adaptada para ayudarles a avanzar en el camino de la piedad” (Thomas Grantham, “Christianismus Primitivus”. Pág. 347-349).
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