confesión de fe
6- JUSTIFICACIÓN Y RECONCILIACIÓN
“Confesión Estándar” de 1660:
"Dios en el principio hizo al hombre recto y lo puso en un estado y condición de gloria, sin la menor mezcla de miseria, de la cual cayó por transgresión, y así llegó a un estado miserable y mortal, sujeto a la primera muerte (Génesis 1:31; Eclesiastés 7:29; Génesis 2:17; 3:17-19)” (II).
35. “INCURRIÓ EN LA MALDICIÓN DE DIOS”
El ser humano “incurrió en la maldición de Dios sobre sí mismo y sobre toda su posteridad… (quedando) inclinado a toda clase de mal (Romanos 1:24-32; 3:9-18; 6:23)… Por lo tanto, todo ser humano merece justamente la ira y condenación de Dios (Colosenses 3:6)” (”Credo Ortodoxo” de 1679. XIV, XV); ya que quedó “ajeno de la vida de Dios” (Efesios 4:18), siendo “enemigo de Dios” (Romanos 5:10).
Salmo 5:5,6:
“5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira;
al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová”.
Romanos 1:18:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”.
Romanos 3:23:
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.
“Por ira en Dios no se debe entender aquella pasión encendida que nosotros, en este estado imperfecto, estamos inclinados a sentir cuando alguien nos ofende. No podemos concebir que semejante pasión tenga lugar en un Ser perfecta e invariablemente feliz.
Sino más bien, puesto que Dios es perfectamente Santo y aborrece invariablemente todo pecado, y puesto que es el Gobernante Justo de sus criaturas racionales, es enteramente apropiado que mantenga la autoridad de su gobierno y de su ley” dando a cada uno lo que merece y manteniendo el bien en su Creación (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII. Sección II. 2).
36. “PROPICIACIÓN”
“Pero aunque Dios es Santo y Justo, es también Bondadoso y Compasivo para con sus criaturas. Como demostración de su gracia y compasión, cuando el hombre se había arruinado a sí mismo, dio a su propio amado Hijo para ser sacrificio en nuestro lugar y pagar una satisfacción por nuestras ofensas” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII. Sección II. 2).
Así "Dios nos ha dado una demostración sumamente solemne de su justicia al enviar a su amado Hijo para ser propiciación por nuestros pecados” (“Fundamentos de la Religión”. I,9).
Nuestra palabra castellana “propiciación”, proviene del latín “prope” que significa “cerca”. De ahí que el vocablo se use para hablar de reunir, lograr con todo éxito la reconciliación. El sacrificio de la propiciación aproxima al ser humano a Dios, lo reconcilia con ÉL, expiando sus transgresiones y ganando el favor de Dios. Este es también el sentido del vocablo griego usado en el Nuevo Testamento (”ἱλασμός” - ilasmós). El Padre entregó el pago suficiente por nuestra culpa.
Romanos 3:24,25:
“24… Cristo Jesús,
25 a quien Dios puso como propiciación…”.
Dios como Juez condenó al mundo. Pero luego, en vez de aplicar el castigo de forma directa, ÉL mismo presentó el pago suficiente por la condena, haciendo “expiación por las transgresiones para que el culpable fuese perdonado” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII. Sección II. 2). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
“Cristo Jesús, nos fue hecho por Dios justificación” (1 Corintios 1:30) y así los cristianos “fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10).
Nuestra culpa y condenación eran tan grandes que “nada de menor valor que la sangre del Hijo de Dios (uno en naturaleza y esencia con el Padre) podía hacer expiación por nosotros” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII.II,2).
“El justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). “ÉL herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre ÉL… Jehová cargó en ÉL el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:5,7).
“Fueron mis pecados, mis crueles pecados,
sus principales verdugos;
cada uno de mis crímenes se convirtió en un clavo,
y la incredulidad, en la lanza”
(Isaac Watts - “Infinite Grief! Amazing Woe!”).
37. JUSTIFICACIÓN
De esta manera Dios “mantuvo la autoridad de su gobierno y dio satisfacción a su propia ley perfecta, mientras manifiesta y ejerce rica y asombrosa misericordia hacia miserables pecadores. Lo hizo, dice el apóstol inspirado, para manifestar su justicia” (“Fundamentos de la Religión”. I,9).
Romanos 3:25,26:
“25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.
Como explicó Clemente de Roma alrededor del año 95 d.C., “no nos justificamos por nuestros propios méritos, ni por nuestra sabiduría, inteligencia y piedad, o por las obras que hacemos en santidad de corazón, sino por la fe” (A los corintios, XXXII). “De pura gracia fueron salvados, y no por sus obras, sino por voluntad de Dios, por medio de Jesucristo” (Policarpo - Carta a los filipenses, I, 3).
“La justificación es un acto de Dios hacia nosotros. Justificación es un término que describe la nueva posición que la persona tiene ante Dios al ser declarado justo y aceptable ante ÉL.
La justificación consta de dos elementos principales: (1) el perdón del pecado y la eliminación de la culpa y el castigo (Romanos 8:1); y (2) la imputación de la justicia de Cristo y la restauración al favor de Dios” (J. D. O’Donnell, - “Free Will Baptist Doctrines”. Pag. 92).
Dios fue Justo condenando nuestra rebelión, pero a la vez es “el que justifica al que es de la fe de Jesús”.
Así, quien cree en Jesús puede recibir verdadera y gratuitamente perdón ante Dios:
Hechos 10:43:
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre”.
Y “la Justicia realizada por Cristo es imputada a los seres humanos… Esta es la Justicia Imputativa ” (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro 2, Capítulo 3, Sección II).
38. “MEDIADOR ENTRE ÉL MISMO Y EL SER HUMANO”
Así, “habiendo el hombre quedado arruinado y perdido por el pecado, y siendo incapaz de ayudarse o librarse a sí mismo, el Dios bendito, en rica e incomparable compasión, envió a su amado Hijo Jesús a este miserable mundo para morir por pecadores que perecían.
Vino para salvar a los pecadores, ‘para obtener para ellos eterna Redención’ (Hebreos 9:12) de todo su pecado y de toda su miseria” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII. Sección 1).
Por esto escribió Clemente de Roma en el año 95 d.C.: “Fijemos nuestra mirada en la sangre de Cristo, y conozcamos cuán preciosa es a los ojos del Dios y Padre suyo, pues, derramada por nuestra salvación alcanzó gracia para todo el mundo” (Primera carta a los corintios, VII, 4).
“Dios proveyó un Ayudador: el Cordero inmolado desde la fundación del mundo, para quitar el pecado del mundo (Juan 1:29; Apocalipsis 13:8), a quien colocó como Mediador entre ÉL mismo y el ser humano” (“Catecismo de San Pablo” de 1687. I. 24).
1 Timoteo 2:5-6:
“5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,
6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo”.
La muerte de Jesucristo no fue simplemente el martirio de un hombre justo.
No fue solamente un ejemplo de amor.
No fue únicamente la consecuencia del rechazo humano.
En su muerte, Jesucristo trató verdaderamente con nuestra culpa delante de Dios. Y “cualquier cosa que un pecador pueda necesitar se encuentra toda en el Señor Jesucristo. Por esto los tesoros de Bienaventuranza depositados en ÉL son llamados ‘las inescrutables riquezas de Cristo’ (Efesios 3:8)… (Y) aun en este mundo posee bendiciones indeciblemente ricas para preservar y promover su felicidad hasta que llegue a aquellas regiones de Bienaventuranza; bendiciones que contribuyen todas a llevarlo seguro hasta allí” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VIII. Sección III. 5; XII).
La Cruz manifiesta así simultáneamente la gravedad del pecado, la justicia de Dios y la inmensidad de su amor.
Si la rebelión humana fuera una transgresión insignificante, la Cruz resultaría incomprensible.
Pero la entrega del Hijo demuestra la verdadera gravedad de aquello de lo cual necesitábamos ser salvados.
39. “HIZO LA SALVACIÓN POSIBLE PARA TODOS”
“Cristo dio su vida en sacrificio por los pecados del mundo y así hizo la salvación posible para todos los hombres (Hebreos 2:9). ÉL murió por nosotros” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. V.1).
1 Juan 2:2:
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.
“Por medio de esto ha sido abierto para todos los hombres un camino de reconciliación, aceptación y salvación” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. VI) ya que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2 Corintios 5:19).
“De modo que ningún hombre sufrirá eternamente en el infierno por falta de un Cristo que murió por él, sino, como dice la Escritura, por negar al Señor que lo rescató (2 Pedro 2:1)” (Confesión Estándar Bautista de 1660. IV).
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