confesión de fe


13- GOBIERNO Y PROVIDENCIA DE DIVINA I


“Tratado sobre la Fe” bautista de 1865:

“Dios ejerce un cuidado providencial y una superintendencia sobre todas sus criaturas (Hechos 17:28; Mateo 10:30), y gobierna el mundo con sabiduría y misericordia, según el testimonio de su Palabra” (III).


68. “SUPERINTENDENCIA SOBRE TODAS SUS CRIATURAS”

Dios, el Creador de todas las cosas, no ha abandonado su Creación a la suerte o a meras leyes naturales independientes. Por el contrario, ÉL sostiene, dirige y gobierna activamente todas las cosas. Su Providencia se extiende desde la inmensidad de los cielos hasta los detalles más mínimos de la existencia, manifestando en perfecta armonía su cuidado paternal y su autoridad absoluta, de modo que todo avanza conforme al propósito de su Voluntad (Efesios 1:11).

Salmo 103:19:

“Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos”.


69. EL ORIGEN DEL MAL Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA

“Nada puede hacerse sin su Providencia, aunque sea contrario a su Voluntad.

Pero esto no significa que el ser humano es inevitablemente impulsado por Dios a hacer esto, o forzosamente restringido de hacer aquello” (”Christianismus Primitivus” de 1678 - Thomas Grantham. Libro I. Sec. XIII).

Santiago 1:13,14:

“13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;

14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”.


“Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en ÉL” (1 Juan 1:5). Por lo tanto, Dios jamás desea, inspira, induce, necesita ni decreta que el ser humano cometa el mal (Deuteronomio 32:4; Salmo 5:4; Habacuc 1:13), siendo el pecado la violación directa de la ley divina (1 Juan 3:4).


Al haber dotado a sus criaturas con verdadera libertad de decisión, los seres humanos actúan de manera voluntaria (Deuteronomio 30:19; Josué 24:15). Cuando el hombre obra perversamente, lo hace por su libre elección, llevando a cabo aquello que es estrictamente contrario a la Voluntad de Dios (Isaías 65:12; Mateo 23:37). El origen del mal no recae jamás en un decreto divino, sino en el corazón rebelde (Eclesiastés 7:29; Marcos 7:21-23), atrayendo sobre sí el justo juicio y sus dolorosas consecuencias temporales y eternas (Ezequiel 18:20; Romanos 2:5,6; Gálatas 6:7,8).


70. LA VOLUNTAD DE DIOS

La Voluntad de Dios consiste en todo aquello que refleja su carácter santo, lo que manda en su Palabra y lo que produce rectitud (Salmo 19:7-9; 1 Tesalonicenses 4:3; 5:18; 1 Pedro 1:15,16; 2:15). En su Voluntad, Dios es el autor y cooperador activo de todo el bien que ocurre en la Creación (Santiago 1:17; Filipenses 2:13; Hebreos 13:20,21).

“Dios no solo quiere y manda que se hagan todas las buenas acciones, sino que también coopera para hacerlas. Esta es la santa Voluntad de Dios, que es 1) buena; porque manda solo lo bueno, y nos hace buenos, y nos guía al bien eterno; 2) es aceptable, porque nada agrada a Dios que no sea conforme a su Voluntad; 3) y es perfecta, porque contiene todas las cosas pertenecientes a la perfección” (”Christianismus Primitivus” de 1678 - Thomas Grantham. Libro I. Sec. XIII).

Romanos 12:2:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.


71. EL PERMISO DE DIOS

En contraste con su Voluntad activa frente al bien, la manera en que Dios responde ante el mal de sus criaturas es radicalmente distinta. Aunque en su gracia Dios a menudo refrena la iniquidad de los seres humanos (Génesis 20:6; Salmo 76:10), en otras ocasiones determina dar su Permiso a que ocurra aquello que no es su Voluntad (Salmo 81:11,12; Hechos 14:16; Romanos 1:24,26,28), siendo el pecado profundamente aborrecible para ÉL (Salmo 5:4-6; Proverbios 6:16-19).


Este Permiso de Dios (su tolerancia soberana) no implica aprobación o complicidad divina con el pecado. Es, más bien, la decisión consciente de Dios de no violentar el libre albedrío que ÉL mismo otorgó a sus criaturas, tolerando temporalmente la rebelión humana a fin de preservar nuestra genuina libertad y responsabilidad (Lucas 7:30; Hechos 7:51; Romanos 2:4,5).


72. PRESCIENCIA

“La intervención de Dios respecto a la maldad es de Presciencia y Permiso; y de esa manera determina no impedir por su restricción tal iniquidad, sabiendo cómo avanzar su gloria de otra manera” (”Christianismus Primitivus” de 1678 - Thomas Grantham. Libro I. Sec. XIII).


1- Esta “Presciencia” es el atributo divino por el cual Dios conoce de antemano y con perfección todos los acontecimientos, acciones y personas antes de que ocurran o existan en el tiempo (Salmo 139:1-4,16; Hechos 2:23; 1 Pedro 1:2; Efesios 1:4; 1 Pedro 1:20; Romanos 8:29). Desde la eternidad y antes de la fundación del mundo, Dios ha sabido con absoluta certeza qué elegirá libremente cada ser humano y cuáles serán los resultados de esas decisiones (Génesis 18:17-19; Éxodo 3:19-20; Deuteronomio 31:16,17; 1 Samuel 23:11,12; Isaías 10:7-12; Juan 13:36-38).


2- Asimismo, la Presciencia de Dios abarca no solo lo que de hecho sucederá, sino todo lo que es posible que ocurra (1 Samuel 23:10-13; Jeremías 38:17-23; Mateo 11:21-23). Su omnisciencia comprende todas las contingencias y combinaciones del universo (Salmo 147:5; 1 Juan 3:20). ÉL conoce infaliblemente qué es lo que un ser dotado de libre albedrío decidiría hacer frente a cualquier circunstancia específica en la que soberanamente se le coloque.


73. LA PROVIDENCIA DE DIOS

Una vez que entendimos la Voluntad, Permiso y Presciencia de Dios, podemos entender lo que llamamos “la Providencia de Dios”.


La Providencia es la actividad de proveer. Dios gobierna activa, sabia y soberanamente sobre todo lo creado, mediante el cual su Voluntad, su Permiso y su Presciencia operan en perfecta armonía.

Isaías 46:9,10:

“9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí,

10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”.


A través de su Providencia, Dios no ocupa el lugar de un espectador pasivo del futuro que conoce, ni tampoco actúa como un dictador que violenta las voluntades humanas. Más bien, tomando su conocimiento perfecto de lo que sus criaturas decidirán libremente (Presciencia), y tolerando el mal que aborrece (Permiso), Dios orquesta de manera inescrutable y activa los escenarios de la historia para asegurar que todo culmine inexorablemente en el cumplimiento de sus propósitos santos (Voluntad) (Hechos 4:27,28; Isaías 10:5-34). 


Job 14:5 (le habla a Dios acerca de la vida del ser humano):

“Ciertamente sus días están determinados,

y el número de sus meses está cerca de ti;

le pusiste límites, de los cuales no pasará”.


Dios es supremamente capaz de tomar la máxima rebelión humana o demoníaca y gobernarla de tal modo que termine sirviendo a sus propósitos finales, sobreescribiendo el mal con su gracia redentora (Hechos 2:23,24; 1 Pedro 3:17; 4:19; Isaías 53:10).

Génesis 50:20 (José fue vendido como esclavo por sus hermanos): 

“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo”.


En la historia de José vemos esta unificación divina: 

la maldad y traición de los hermanos estuvieron bajo el Permiso de Dios (Génesis 37:18-28); 

el rescate de la nación de Israel fue la Voluntad de Dios (Génesis 45:5-7); 

y la orquestación soberana de las circunstancias para que esa traición terminara en redención, fue la gloriosa Providencia de Dios (Génesis 45:7,8; Génesis 50:20).


74. GOBIERNO DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Dios posee un conocimiento exhaustivo de todas las contingencias posibles, sabiendo con infinita perfección qué elegiría libremente cada persona si se encontrara frente a cualquier situación imaginable.

Por consiguiente, Dios no coacciona ni determina la decisión de sus criaturas, sino que a través de su conocimiento perfecto, Dios "mirando" los escenarios posibles, y sabiendo de antemano cómo reaccionaría libremente cada ser humano en cada situación, organiza el mundo de manera providencial para producir las mejores opciones de circunstancias, para dar las mejores oportunidades, y conseguir los mejores resultados posibles (Hechos 17:26,27; 1 Corintios 10:13; Proverbios 20:24).


La liberación de Israel de Egipto ilustra esta verdad. Dios declaró anticipadamente que sabía que Faraón no dejaría salir a Israel sino bajo una mano poderosa:

Éxodo 3:19,20 (Dios le habla a Moisés):

“19 Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte.

20 Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir”.


(lo mismo en Éxodo 4:21; 7:3–5).


Dios no fue tomado por sorpresa por la respuesta de Faraón: conocía plenamente su carácter, su orgullo, su apego al poder y la manera en que reaccionaría ante cada llamado, señal, juicio y oportunidad de obedecer.


Faraón rechazó la Palabra de Dios, despreció su autoridad, agravó la opresión de Israel y, repetidas veces, endureció su propio corazón o persistió voluntariamente en su resistencia (Éxodo 5:1,2; 8:15, 32; 9:34,35). Nada de esto sucedió sin la Providencia de Dios. La Escritura afirma que Dios endureció el corazón de Faraón: 

Éxodo 9:12:

“Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés”.


(lo mismo en Éxodo 10:1, 20, 27; 11:10; 14:8; Salmo 105:25).


Este endurecimiento fue un juicio justo y un acto de la Providencia de Dios: Dios colocó a Faraón ante circunstancias en las que él prefirió libremente endurecerse. 

Por lo tanto, Dios no aprobaba la obstinación de Faraón, ni lo indujo al mal, ni anuló su voluntad, ni creó en él una disposición pecaminosa que no fuera ya suya.


Pero a la vez Dios ordenó los acontecimientos de tal modo que la resistencia de Faraón no impidiera los propósitos divinos, sino que sirviera para manifestar el poder, la justicia y el nombre de Dios entre las naciones (Éxodo 7:3–5; 9:14-16; 10:1,2; 14:4, 17,18; Romanos 9:17,18).


Mientras Faraón endurecía su corazón, Dios actuaba misericordiosamente en favor de Israel: distinguió a su pueblo de los egipcios, lo preservó en medio de los juicios, lo redimió de la esclavitud y lo condujo hacia la libertad (Éxodo 8:22,23; 9:4, 26; 10:23; 12:51; 14:30,31). 


1. La Presciencia de Dios. 

Que Dios sepa infaliblemente cómo una persona responderá no significa que él haya producido, impuesto o determinado esa respuesta.


2. La Providencia no equivale a determinismo. 

Dios interviene en la historia de manera real: llama, advierte, protege, limita el mal, abre y cierra posibilidades, dispone encuentros, preserva vidas y obra redentoramente. Pero esa intervención no exige que ÉL sea el autor de las decisiones morales de sus criaturas.


3. Las circunstancias pueden ser buenas sin que todas las decisiones dentro de ellas lo sean. 

Dios puede crear o permitir una circunstancia con fines buenos (como la relación entre Moisés y Faraón) mientras que los pecados cometidos dentro de esa circunstancia proceden de las personas que los eligen.


4. Dios procura el bien sin cancelar la libertad. 

En Egipto, Dios no fue un espectador distante. Llamó a Faraón por medio de Moisés, le mostró su poder, le dio advertencias, dejó señales, permitió momentos de alivio y enfrentó su injusticia. Faraón, si hubiera tomado buenas decisiones (como el Faraón de Génesis 12:10-20 por ejemplo), podría haber respondido a la luz recibida; sin embargo, escogió resistir.


5. El Permiso Divino no es aprobación moral. 

Que Dios permita temporalmente una decisión mala no significa que la quiera como Voluntad agradable, que la celebre o que la inspire. Significa que, en su sabiduría, no impide toda acción mala por la fuerza y puede obrar en medio de ella para fines superiores de justicia, disciplina, revelación y redención.


6. La responsabilidad humana permanece intacta. 

Faraón fue responsable por la esclavitud, por su desprecio de Dios, por sus falsas promesas y por el sufrimiento que su obstinación agravó. Su poder político, sus circunstancias y aun la Presciencia Divina no redujeron su culpa moral.


Por tanto, la Providencia Divina, mediante la Presciencia perfecta de Dios y su sabia disposición de las circunstancias, oportunidades, advertencias, relaciones, límites y auxilios, conduce la historia hacia sus propósitos buenos, sin aprobar el mal ni eximir de responsabilidad a quienes libremente lo cometen.

“Dios gobierna todos los acontecimientos y sostiene la naturaleza universal; dispone, administra y dirige todas las cosas para el bien de los santos” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. I.2).


Daniel 4:35:

“Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y ÉL hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano”.


Salmo 115:3:

“Nuestro Dios está en los cielos;

todo lo que quiso ha hecho”.


Salmo 135:6:

“Todo lo que Jehová quiere, lo hace,

en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos”.


Dios organiza el mundo de manera providencial para producir las mejores opciones de circunstancias, para dar las mejores oportunidades, y conseguir los mejores resultados posibles.





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