confesión de fe
9- FE
- “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:
"La justificación personal implica que la persona justificada ha sido culpable delante de Dios; y que, en consideración de la justicia de Cristo, recibida por la fe, el pecador es perdonado y absuelto de la culpa y del castigo del pecado…
La fe es requerida como condición de salvación: ‘Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo’ (Hechos 16:31)” (X).
48. “LA FE ES REQUERIDA COMO CONDICIÓN DE SALVACIÓN”
Se trata de una salvación “recibida como un don gratuito por todos los que creen en ÉL (Juan 3:16), sin considerar ninguna obra que hayamos hecho para merecer su salvación" (”Artículos de Religión” de 1770. III–IV).
Pero debemos tener cuidado, la salvación no se fundamenta en:
un teísmo abstracto,
en la mera asunción de una deidad benévola,
ni en una fe subjetiva construida según el criterio individual.
La fe que justifica y salva es estrictamente cristocéntrica, no apenas una religión de creencia en un Dios bueno y poderoso.
Es fe en Cristo. Para “todos los que creen en ÉL”.
El mensaje del Nuevo Testamento es claro:
Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo”.
Las Escrituras no hablan de que la persona debe creer en algún hecho puntual de Jesús, como por ejemplo su muerte por el pecado, y que eso ya es suficiente. Tampoco se trata del hecho de simplemente confiar en Jesús en las dificultades pensando de ÉL lo que a cada uno le parece.
Es una fe integral en su Persona, asociando a quien Dios prometió enviar desde el mismo principio como “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15), la “simiente” de Abraham por medio de la cual “todas las naciones de la tierra” volverían al estado de bendición que perdieron en la caída (Génesis 22:18), el Hijo de Dios (Salmo 2:7), el Cristo (Salmo 2:2; Isaías 61:1), por cuya “llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5), el “linaje” de David, cuyo “trono de su reino” será “para siempre”, un “trono estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16) donde “la paz no tendrá límite” (Isaías 9:7), y “la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Quien llevará a cabo la promesa de Dios: “yo crearé nuevos cielos y nueva tierra” (Isaías 65:17). Y: “los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí” (Isaías 66:22).
Fe en Jesús, es creer que esa Persona prometida por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento es Jesús. Por esto el ladrón que fue crucificado al lado de Jesús, solo necesitó decir: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”, para que el Señor le conteste: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:42,43). No porque sea una fórmula mágica. Sino porque ese hombre a punto de morir estaba creyendo que Jesús era el cumplimiento del Hijo de Dios prometido.
Esto es lo que significa “el Cristo”.
Así, la pregunta que está todo el tiempo presente en los relatos de los evangelios es quién es Jesús. El diablo tienta a Jesús poniendo en duda de si es “el Hijo de Dios” (Mateo 4:3), en Nazaret “están maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y dicen: ¿No es el hijo de José?” (Lucas 4:22), los demonios lo reconocen y afirman: “Tú eres el Hijo de Dios” (Marcos 3:11), perdona a un paralítico y la gente se pregunta: “¿Quién es éste?” (Lucas 5:21), Jesús le pregunta a sus discípulos “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mateo 16:13) y enseguida Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16), cuando lo enjuician el sumo sacerdote le grita: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios” (Mateo 26:63), Marta escucha a Jesús y le dice: “Yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que ha venido al mundo” (Juan 11:27), en su Cruz pusieron el título sobre su cabeza: “El Rey de los judíos” (Marcos 15:26), el apóstol Juan, al explicar el porqué de su relato escrito del evangelio, escribió: “Éstas (cosas) se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).
El que cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, enviado por Dios, tiene vida eterna. "Somos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús" (Gálatas 3:26).
Ayudame a precisar esto:
El Cristianismo no es:
una filosofía de superación personal,
con algunas enseñanzas moralistas,
a las que se les añaden aspectos religiosos.
El Cristianismo es:
una vida de fe, obediencia y adoración al Dios Verdadero,
centralizada en la persona y obra de Jesucristo según el evangelio,
y operada en el creyente por el poder del Espíritu Santo.
49. QUÉ ES LA FE
Otro punto vital es a qué tipo de fe en Jesús se nos llama en el evangelio.
“La verdadera fe es el asentimiento de la mente a las grandes y fundamentales verdades de la revelación; un acto del entendimiento que da crédito al Evangelio bajo la influencia del Espíritu Santo; y una firme confianza y seguridad en el Dios vivo. El fruto de la fe es la obediencia al Evangelio” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VIII).
50. “EL FRUTO DE LA FE”
Una fe que no tiene “obediencia al evangelio” no es la fe en la verdad que produce el Espíritu Santo (1 Pedro 1:22).
Así la carta de Pablo a los romanos dedicada a presentar “su evangelio” que predicaba (2:16; 16:25), habla de “la obediencia a la fe” (1:5), “la obediencia a la verdad” (2:8), “la obediencia de los gentiles” (15:18) “obediencia notoria” (16:19) y “obedecer a la fe” (16:26).
Los pecados de una persona son perdonados y es salva cuando a través de la fe ella se compromete a vivir en obediencia a Cristo (Lucas 14:26-33) y se arrepiente de sus pecados (Lucas 13:3). La santificación sucede durante toda la vida, pero la determinación de seguir a Jesucristo es desde el primer día. Sin esto no hay salvación.
El evangelio es el anuncio de que el Cristo comenzó a establecer el Reino de Dios. Por esto Marcos 1:14,15 relata:
“14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado…”.
La reacción que se demanda al anuncio del “evangelio del reino de Dios” es:
Marcos 1:15:
“… arrepentíos, y creed en el evangelio”.
Lo que Jesús está diciendo es: “Dejen la rebelión, abandonen la deslealtad al reino de Dios, y creyendo en las buenas nuevas de la llegada del Reino, vuélvanse a la lealtad”.
La fe en Jesús siempre incluye lealtad a Jesús.
Santiago 2:14-26:
“14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?
15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,
16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?
17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.
20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?
26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.
1 Juan 2:3-6:
“3 Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.
4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él;
5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.
6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”.
"Ninguna fe es el medio de justificación, sino aquella que produce buenas obras" (”Artículos de Religión “ de 1770. III).
Así vemos que “hay una doble Justicia hacia la cual la verdadera Fe nos conduce. Una es Imputativa (aquella ‘justicia de Dios’ que Dios nos concedió al creer en Jesús - Romanos 10:3; 3:26; 4:6), la otra es Práctica. La Justicia Práctica consiste en un santo andar con Dios, en obediencia a todos sus mandamientos, conforme a lo mejor de nuestro conocimiento y capacidad. Porque el evangelio de la gracia de Dios nos enseña.
Tito 2:11-13:
‘11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente,
13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo’.
Los cristianos están estrictamente obligados a observar ‘todas las cosas que Cristo ha mandado’ (Mateo 28:20).
Efesios 2:10:
‘Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas’.
Los cristianos están obligados a oír a Cristo, en todo cuanto ÉL diga. Y tampoco son verdaderamente sus amigos a menos que hagan (según sus mejores posibilidades) todo cuanto ÉL les manda (Juan 15:14).
Es mostrar el fruto de la Fe mediante una pronta obediencia a la Verdad, y sufriendo por ella cuando somos llamados a hacerlo (1 Pedro 3:14,15)” (“Catecismo de San Pablo” de 1687. Segundo Principio. 14-32).
“Cuando los hombres aceptan la verdad del evangelio… y que Cristo es sumamente digno de su afecto constante y de su sujeción a todos sus mandamientos, deciden con propósito de corazón someterse a ÉL en todo, y ya no a sí mismos (2 Corintios 5:15)” (”Confesión Estándar” Bautista de 1660. VI).
Por esto Ignacio de Antioquía escribió alrededor del año 110 d.C.: “El árbol se manifiesta por sus frutos. Del mismo modo, los que profesan ser de Cristo, por sus obras se pondrán de manifiesto. Porque no se trata solo de proclamar la fe, sino de mantenerse en la fuerza de ella hasta el fin” (Carta a los efesios, XIV, 2). Y: “No sólo llamarse cristianos, sino también serlo” (Carta a los magnesios, IV;).
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