confesión de fe


5- EL ESPÍRITU SANTO


1 Juan 5:7:

“Porque tres son los que dan testimonio en el Cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno”.


28. EL ESPÍRITU SANTO ES SEÑOR Y DIOS

“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:

“Las Escrituras atribuyen al Espíritu Santo los actos y atributos de un Ser inteligente. 

Se dice que ÉL guía (Juan 16:13) conoce (1 Corintios 2:11), mueve (Hechos 8:39), da información (Hechos 21:11) manda (Hechos 13:2) prohibe (Hechos 16:6), envía (Hechos 13:4), reprende (Juan 16:8) y se ofende (Isaías 63:10; Efesios 4:30).


Los atributos de Dios se aplican al Espíritu Santo; tales como

eternidad (Hebreos 9:14), omnipresencia (Salmo 139:7), omnisciencia (1 Corintios 2:10,11), bondad (Nehemías 9:20; Salmo 143:10) y verdad (Juan 14:17).


Las obras de Dios son atribuidas al Espíritu Santo; creación, (Job 26:13; 33:4; Salmo 104:30), inspiración (2 Pedro 1:21; Hechos 28:25), dar vida (1 Pedro 3:18; Juan 6:63) y santificación (1 Corintios 6:11; Romanos 15:16).


Los mismos actos, que en una parte de la Biblia se atribuyen al Espíritu Santo, en otras partes se dice que son realizados por Dios (Isaías 6:8,9; Daniel 2:20; Salmo 62:11; Isaías 48:16; Efesios 4:11; Juan 6:45; Isaías 48:17; Hechos 28:25,26; Mateo 1:18; Isaías 11:2; Romanos 15:13; Isaías 48:16; Hechos 13:4; Juan 14:26; Romanos 8:14).

Así los apóstoles afirman que el Espíritu Santo es Señor y Dios (2 Corintios 3:17; Hechos 5:3,4)… uno con el Padre en todas las perfecciones Divinas… Por esto el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están unidos en la autoridad por la cual los creyentes son bautizados (Mateo 28:19), y en las bendiciones pronunciadas por los apóstoles (2 Corintios 13:14), las cuales son actos de la más alta adoración religiosa” (IV. 1-5).


29. SE PUEDE RESISTIR AL ESPÍRITU SANTO

“Por las influencias del Espíritu Santo las personas reciben poder para arrepentirse y obedecer todos los requerimientos del Evangelio” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VI). “De modo que donde la Palabra es predicada en Verdad, Luz y Poder, allí es acompañada por el Espíritu… Sin embargo, el Espíritu Santo no es dado de tal manera que no pueda ser resistido; sino que puede ser resistido, y lo ha sido para destrucción de los seres humanos (Génesis 6:3; Nehemías 9:30; Hechos 7:51; 1 Tesalonicenses 5:19). Y multitudes de almas todavía resisten los movimientos del Espíritu; de otro modo no continuarían ni persistirían voluntariamente en la práctica del pecado y de la maldad como lo hacen…

(Y ya siguiendo a Cristo) debemos someternos a sus movimientos y operaciones sobre nuestras almas, para que no rechacemos el Consejo y la Obra del Señor para nuestra propia destrucción” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XIV.1,3,4). 


30. LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO

Dios prometió por medio de sus profetas que a través de la llegada de su Hijo vendría el Espíritu Santo de una manera especial (Isaías 32:15; 44:3,4; Jeremías 31:31-34; Ezequiel 11:19,20; Joel 2:28,29).

El glorioso nuevo pacto traería tanto perdón de pecados y purificación: 

Ezequiel 36:25:

“Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”.


Como novedad de vida, en la que el pueblo de Dios estaría capacitado para la obediencia:

Ezequiel 36:26,27:

“26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.


Y nuevas capacidades espirituales.

Joel 2:28,29:

“28 Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.


No sólo es el final de la condenación de los hijos de Dios, sino la incalculable buena nueva de que el Espíritu Santo sería enviado a operar de tal forma plena como nunca lo había hecho antes en el pueblo de Dios.


Así Ezequiel 37:1-14 reflejaba todo un valle de muertos que eran resucitados por el soplo del Espíritu de Dios.

En Ezequiel 39:28,29, Dios termina la separación por el pecado y derrama su Espíritu.


Por esto, Jesús, durante su ministerio había prometido: “El que cree en mí, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38). Anticipando la obra del Espíritu Santo que vendría (Juan 7:39). Y también explicó que el Espíritu Santo haría una verdadera obra de regeneración en las personas que llamó “nacer de nuevo” (Juan 3:7) y “nacer de agua y del Espíritu“ (Juan 3:5), lo cual fue una alusión a Ezequiel 36:25-27 y al volver a nacer de Ezequiel 37. Un soplo de vida del Espíritu Santo (Juan 3:8; Ezequiel 37:9).


Un día antes de morir, Jesús habló más claramente de esta promesa del Padre, diciendo: 

Juan 14:16:

“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.


En el griego original con “Consolador” (”παράκλητος” - parákletos) se refiere a otro que los ayudará como ÉL los ayudó. Ese “Consolador”, añadió en el versículo 26 es “el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre” .


Y finalmente, Jesús ya resucitado, repitió la Promesa del Padre (Lucas 24:49):

Hechos 1:4,5,8:

“4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.

5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.


Cuando en este texto encontramos la expresión "poder", se utiliza el vocablo griego "dúnamis" ("fuerza, habilidad, capacidad, poder, recursos" - "New International Dictionary of NT Theology"). 

El poder es la capacidad para hacer.


La promesa es que el Espíritu Santo vendría a la Iglesia de una forma más plena, poderosa, permanente y extensa, como jamás había sucedido.


31. “CAPACITADOS CON EL DON PRECIOSO DE DIOS”

Esta nueva era con una nueva obra del Espíritu Santo en todos los que creen en Jesús, comenzó en la fiesta de Pentecostés que figura en Hechos 2:1-4. 

Así, “el Espíritu Santo, don precioso de Dios, dado gratuitamente a quienes le obedecen (Hechos 5:32), para que por medio de ÉL sean completamente santificados y capacitados (sin lo cual son totalmente incapaces) para permanecer firmes en la fe y honrar al Padre y a su Hijo Cristo (1 Corintios 6:11), el Autor y consumador de su fe” (”Confesión Estándar” Bautista de 1660. VII). 


Cuando llegó el Espíritu Santo, el apóstol Pedro comenzó a predicarle a una multitud que “compungida de corazón” preguntó: “Varones hermanos, ¿qué haremos?”, y él respondió:

Hechos 2:38,39:

“38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.


Por lo que se trata de una obra continuada hasta la segunda venida del Señor.


Esta obra del Espíritu Santo, en la que “aquellos que lo reciben de esta manera son sellados por ÉL hasta el día de la redención, y ÉL constituye las arras de la herencia (Efesios 1:14)” (”Catecismo de San Pablo” de 1687. Bautismo. 4), incluye toda la “santificación y capacitación (sin lo cual son totalmente incapaces los cristianos) para permanecer firmes en la fe y honrar al Padre y a su Hijo Cristo (Gálatas 5:22,23)”.

El Espíritu Santo vino a glorificar a Jesús en y a través de las vidas de los creyentes (Juan 16:14), y de esta manera eso es lo que sucede.


Hay cierta obra interna en la vida del cristiano que es diferente a la capacitación del Espíritu Santo. “Una persona puede estar eminentemente bajo la obra del Espíritu, en la primera consideración, y sin embargo ser ajena a la recepción del Espíritu en la otra. Como los efesios, que creyeron en Dios después de escuchar el evangelio de su salvación, pero no fueron investidos del Espíritu Santo prometido hasta después. Lo cual vemos en la pregunta del Apóstol: '¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?' (Hechos 19:2). Las personas a quienes se les planteó esta pregunta ya eran creyentes en Cristo" (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro II, Capítulo III, Sección 1). Pablo los bautizó en agua y ahí les impuso las manos para recibir el poder del Espíritu Santo (Hechos 19:5,6). 


32. “NO HAN CESADO LOS DONES DEL ESPÍRITU”

Las palabras del apóstol Pedro que prometían el “recibir el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:38,39), incluyen la vigencia de los mismos dones del Espíritu Santo que encontramos en el Nuevo Testamento.

“Los dones del Espíritu (1 Corintios 12:8-10) no cesaron, a menos que nuestra propia indignidad nos prive de ellos. ¿No continúan vigentes estas exhortaciones?: ‘Procurad los dones mejores’ (1 Corintios 12:31), ‘seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis’ (1 Corintios 14:1), ‘procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas’ (1 Corintios 14:39). Ciertamente estas exhortaciones nos enseñan que, según la necesidad de la Iglesia, ella puede legítimamente pedir estos mejores dones. La promesa del Espíritu pertenece a la Iglesia” (”Catecismo de San Pablo” de 1687. Bautismo 4-7). "La Iglesia tiene un derecho perpetuo a (aunque no siempre una necesidad de) todos los dones espirituales reflejados en 1 Corintios 12... ¿Deben las Iglesias ahora contender ardientemente por la fe (y esto tanto contra viejos como contra nuevos errores)? ¿Debe ser la sal de la Tierra, la luz del mundo? ¿Está obligada a predicar el evangelio del Reino a todas las naciones hasta el fin del mundo? ¿Debe mantenerse en el amor de Dios, edificándose en su santa fe, orando en el Espíritu Santo? Ciertamente, si estos deberes permanecen, y ella sigue obligada como siempre a servir a Cristo y su verdad, no se puede imaginar razonablemente que Dios haya quitado de ella a su Espíritu Santo en gracia y dones; quien cuando los tenía todos, significaban algo muy necesario. No tenemos razón para pensar que Dios siga requiriendo el mismo servicio, pero sin proporcionarle el suministro de gracia y dones... La Iglesia debe orar por esto, pedir y avanzar hacia los dones espirituales" (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro II, Capítulo III, Sección 3).

“Dios concede mayores medidas de su Espíritu después de creer y obedecer que antes, las cuales se complace en comunicarles en el camino de su deber: buscando, pidiendo y esperando en el Señor conforme al camino establecido por ÉL mismo (Lucas 11:13; Hechos 5:32; Efesios 1:13; Santiago 4:6)” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XIV.4). 


33. EL TESTIMONIO INTERNO DEL ESPÍRITU SANTO

El intelecto humano, por sí solo, es incapaz de abrazar el evangelio como una realidad absoluta y salvadora. Sin el testimonio interno del Espíritu Santo, una persona puede conocer las Escrituras, estar de acuerdo con la historia de Cristo e incluso participar de la religión, pero vivirá el evangelio apenas como una posibilidad interesante, una filosofía moral deseable o un consuelo condicionado por las dudas. Esto deja al individuo a merced de las fluctuaciones de su propio razonamiento.

De la única manera en la que una persona tiene “plena certidumbre” en su fe, es por la influencia del “Espíritu Santo”, “en poder” (1 Tesalonicenses 1:5). La clave son “las arras (anticipo-garantía) del Espíritu en nuestros corazones” (2 Corintios 1:22). Solo se “abundará en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13), ya que la “fe” es parte del “fruto del Espíritu” (Gálatas 5:22).

Es “el Espíritu mismo (quien) da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). "Dios envió a nuestros corazones el Espíritu, el cual clama: ¡Abba, Padre!" (Gálatas 4:6), produciendo que nuestros corazones “canten y alaben al Señor; dando siempre gracias por todo a Dios" (Efesios 5:18-20) y ayudándonos a orar (Romanos 8:26). 


“Existe una necesidad absoluta de la obra del Espíritu, tanto para traer las almas al Señor como para mantenerlas en ÉL” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XIV.2). 


34. UNA VIDA CONFORME AL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

No somos llamados a una vida y misión conforme a nuestra capacidad, sino conforme al “poder, amor y dominio propio” de un “fuego avivado en el don de Dios”, el Espíritu Santo (2 Timoteo 1:6,7).

A esto se refería el apóstol Pedro cuando afirmó: “Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder” (2 Pedro 1:3).


La obra más plena, más poderosa y más extensa, jamás experimentada por el pueblo de Dios está disponible. ¡Y es una parte central en el evangelio!





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