confesión de fe


7- EL LLAMADO DEL EVANGELIO


“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834:

En virtud de la obra de Dios en Cristo, “cuyo propósito es contrarrestar los efectos de la caída, el ser humano es colocado en un estado en el cual puede ser salvo; la gracia de Dios, las influencias del Espíritu Santo, y las invitaciones del Evangelio son dadas a todos los hombres, y por medio de ellas reciben poder para arrepentirse y obedecer todos los requerimientos del Evangelio” (VI).


40. “EL SER HUMANO ES COLOCADO EN UN ESTADO EN EL CUAL PUEDE SER SALVO”

Antes de poder hablar de la salvación que Dios presenta al ser humano, es necesario recordar la condición de la cual el hombre debe ser levantado. Dios dotó a la voluntad del ser humano de libertad y poder naturales para obrar por elección, de tal manera que, en su estado de inocencia, tenía verdadera capacidad para escoger y realizar lo que era agradable a Dios. Pero habiendo caído de aquel estado, "perdió completamente toda capacidad o libertad de voluntad para cualquier bien espiritual que conduzca a su salvación eterna" (”Credo Ortodoxo” de 1679. XX).

Romanos 3:9-12:

“9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.

10 Como está escrito:

No hay justo, ni aun uno;

11 no hay quien entienda,

no hay quien busque a Dios.

12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;

no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.


Así, sin remedio alguno provisto desde afuera, el hombre permanecería muerto, ciego y sumido en profundas tinieblas para siempre, sujeto a la maldición y expuesto justamente a la ira de Dios.


Pero, puesto que el ser humano no podía ir hacia Dios, Dios en su infinita misericordia se acercó al ser humano.

 Juan 6:44 (Jesús dijo):

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”.


El ser humano, después de la caída, quedó en un estado de tal “depravación que nadie puede aceptar la oferta del evangelio ni elegir depositar su fe en Cristo a menos que el Espíritu de Dios realice primero esta obra, esta gracia habilitadora” (Robert Picirilli - “The Gospel of John”); así, en Cristo, “el ser humano es colocado en un estado en el cual puede ser salvo”.

Esta posibilidad no nace de una bondad residual en el hombre, sino de la intervención directa del Creador, quien sale al encuentro de su criatura perdida (Mateo 18:11). “Por ÉL se nos abrieron los ojos del corazón; por ÉL nuestra inteligencia, insensata y entenebrecida antes, reflorece a su luz admirable” (Clemente de Roma en el año 95 d.C. - Primera carta a los corintios, XXXVI, 2).


Esto, como de forma clara expresa el texto del “Tratado sobre la Fe” bautista, no significa que por la obra de Cristo alguien es salvo directamente, sino que es colocado "en un estado en el cual puede ser salvo" (Juan 3:17).

La expiación no es la aplicación automática de la salvación a ciertos individuos o todos, sino la remoción de aquel obstáculo legal y moral (las demandas de la justicia divina) que hacía imposible nuestra reconciliación. “La justificación no precede al arrepentimiento y a la fe… Si, por el contrario, el arrepentimiento y la fe fueran frutos de la justificación, se seguiría que la regeneración es un acto soberano efectuado repentinamente en el pecador impenitente, independientemente de su propia agencia. Esta manera de ver el asunto arroja la culpa sobre Dios, al representar que ÉL deja de efectuar en los pecadores la obra soberana de regeneración, la única que, según ese sistema, podría producir arrepentimiento y fe, y no obstante condena al pecador por no arrepentirse y creer” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. X.3).


En virtud de la obra de Cristo, Dios coloca a toda la humanidad en una condición nueva (distinta de la que dejó la Caída) dentro de la cual la salvación se hace realmente accesible.

“La Vocación, o Llamamiento, General o Común, ocurre cuando Dios, por medio de su Palabra y Espíritu, gratuitamente, por su propia gracia y bondad, da a conocer ministerialmente a la Humanidad su bondadoso propósito de salvación por Jesucristo, invitándolos y llamándolos amorosamente a venir a ÉL, y a aceptar a Cristo” (”Credo Ortodoxo”. XXI).


Aunque el Espíritu Santo ya obraba antes guiando a los seres humanos a Dios (Génesis 6:3; Nehemías 9:20; Hechos 7:51), Pentecostés no solo inauguró el empoderamiento de la Iglesia, sino una nueva era de gracia para el mundo entero con un derramamiento del Espíritu en una medida, plenitud y universalidad sin precedentes. El Espíritu Santo fue derramado sobre "toda carne" (Hechos 2:17) en el sentido de que ahora su influencia convictiva (Juan 16:8) y su gracia preveniente operan activamente sobre toda la humanidad (Isaías 54:13; Juan 6:45).


 “Como afirma Romanos 10:10, ‘Con el corazón se cree’, es el hombre quien cree, es el hombre quien hace el bien. Pero la preparación del corazón del hombre para estas cosas procede del Señor (Proverbios 16:1; 2 Corintios 3:5)” (”Catecismo de San Pablo”. Segundo Principio. 38).

“El poder para creer es don de Dios; pero el creer es un acto de la criatura, requerido como condición del perdón, y sin el cual el pecador no puede ser regenerado ni obtener salvación” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VIII).

1 Corintios 4:7:

“Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?”.


“El poder y la voluntad del ser humano son atributos o facultades propias del alma; y, si es así, entonces son obra de Dios y proceden propiamente de Dios.

Pero, aunque todo el poder y las capacidades que el ser humano posee proceden del Señor, la voluntad y el poder del ser humano fueron grandemente debilitados por la caída, pero no completamente perdidos. Todavía permanece en el ser humano un poder para querer su propio bien.

Sin embargo, el ser humano no sabe qué es bueno sino en cuanto es enseñado por el Señor (Miqueas 6:8). Recién, cuando el ser humano ha sido enseñado por Dios acerca de qué es bueno, y de cómo y cuándo debe querer este bien, habiéndoselo mostrado así el Señor, posee entonces una capacidad (mediante el uso de los medios que Dios ha establecido) para llevar su voluntad a una disposición inclinada verdaderamente a buscar su bienestar eterno.

Así que, el ser humano no posee poder ni voluntad, ni sabe qué querer (para su propio bien), ni cómo ni cuándo, respecto del tiempo oportuno, sino aquello que recibe de Dios (Salmo 62:11).

Sin embargo, creemos que el ser humano debe emplear su voluntad, todos los poderes y facultades de su alma, en y acerca de las cosas espirituales; y si fueran fieles en esto, Dios tendría la gloria y ellos el beneficio” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. VIII).


"Este Poder no es irresistible, sino que es suficiente, ya sea para producir arrepentimiento o para dejar al pecador sin excusa. Así, el evangelio, en cuanto es la ministración del Espíritu, es para nosotros el poder de Dios para salvación (Romanos 1:16)” (”Catecismo de San Pablo”. Primer Principio. 10,12).


“Ordinariamente Dios obra sobre el corazón o el entendimiento de los hombres: por medio de sus obras (Amós 4:13; Isaías 40:26), por medio de su Palabra (Rom. 1:16-18). y mediante los movimientos de su Espíritu, ministerial y misericordiosamente (1 Tesalonicenses 1:5). Contra todo esto los hombres pueden resistirse, y muchas veces efectivamente lo hacen para su propia destrucción. Esto es demasiado común” (”Catecismo de San Pablo”. Segundo Principio. 39,40).

Hechos 7:51:

“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”.


41. “LA GRACIA DE DIOS”

"La Gracia de Dios que trae Salvación, se ha manifestado a todos los hombres... tan Clemente fue Dios para con todo el mundo, que la propiciación en la sangre de Cristo, es por todos ellos" (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro 2, Capítulo 1, Sección X).

Tito 2:11:

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres”.


“Todo bien que el ser humano disfruta o disfrutará (sea temporal, espiritual o eterno) le es dado gratuitamente por Dios, sin el menor mérito de parte del ser humano; y, por tanto, todo procede enteramente de la Gracia gratuita, o son efectos del gran amor de Dios hacia el hombre.

Todas las gracias y cualidades de un cristiano le son dadas gratuitamente por Dios. Porque el ser humano no podía hacer cosa alguna, de ninguna manera, mediante la cual pudiera merecer el más pequeño favor que ahora disfruta o que disfrutará en el futuro.

Y, sin embargo, no han de obtenerse sin que aceptemos la gracia gratuita de Dios por medio de Jesucristo y vivamos para Dios por medio de ÉL, conforme a los santos términos de ella” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. IX).


Ninguna dimensión de este proceso redentor constituye una obra de mérito propio. 

“El pecador es como una persona inconsciente que es rescatada por los técnicos de emergencias médicas y se despierta en una ambulancia y no se resiste a las acciones médicas de los técnicos de emergencias médicas para salvar su vida” (Matthew Pinson- “Are Arminians Necessarily Synergists?”). La persona accidentada puede aceptar la ayuda que va a salvar su vida, o puede negarse, rechazar todo y buscar salir de la ambulancia. Si simplemente se deja ayudar, salvará su vida. Él no ejecuta ninguna acción meritoria para su propia conservación; solo acepta la ayuda.

Tal es la naturaleza de la salvación en Jesucristo (Filipenses 1:29). La gracia redentora del Salvador se proclama universalmente, quedando el ser humano ante la decisión de recibirla con sumisión o rechazarla.


42. “LAS INFLUENCIAS DEL ESPÍRITU SANTO”

Cada vez que se le predica el evangelio a una persona, el Espíritu Santo obra en ella exteriormente capacitándola para tomar una decisión consciente y voluntaria acerca de su vida. 

Juan 16:8 (Jesús dijo sobre el Espíritu Santo):

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.

 

“Por las influencias del Espíritu Santo las personas reciben poder para arrepentirse y obedecer todos los requerimientos del Evangelio” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VI). “De modo que donde la Palabra es predicada en verdad, luz y poder, allí es acompañada por el Espíritu… Sin embargo, el Espíritu Santo no es dado de tal manera que no pueda ser resistido; sino que puede ser resistido, y lo ha sido para destrucción de los seres humanos (Génesis 6:3; Nehemías 9:30; Hechos 7:51; 1 Tesalonicenses 5:19). Y multitudes de almas todavía resisten los movimientos del Espíritu; de otro modo no continuarían ni persistirían voluntariamente en la práctica del pecado y de la maldad como lo hacen” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. XIV.1,3). 


Hechos 16:14:

“Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”.


43. “LAS INVITACIONES DEL EVANGELIO”

“El Evangelio es en sí mismo Buenas o Alegres Nuevas (Lucas 2:10; Romanos 10:15; Isaías 52:7; Nahum 1:15).

En él no hay malas noticias para nadie, excepto para aquellos que voluntariamente rechazan y descuidan la Gracia que en él les es presentada y sinceramente ofrecida (Hebreos 2:2; Romanos 2:7), por su propia incredulidad y desobediencia voluntarias.

Estas alegres nuevas, o buenas noticias, han de ser publicadas o dadas a conocer a todos los seres humanos en todas las edades (Marcos 16:16; Romanos 16:26; Apocalipsis 22:17)” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. VII).


La posibilidad es para toda la humanidad.

Juan 1:9 (acerca de Jesús):

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.


“Su amor se extendió a toda la humanidad… no habiendo nada en su naturaleza ni en la del hombre por lo cual esta provisión de salvación debiera limitarse (Ezequiel 33:11; 2 Pedro 3:9).

Dios ama a todos los hombres, Cristo murió por todos los hombres, el Espíritu Santo reprende a todos los hombres, el Evangelio invita a todos los hombres y, en virtud de todo ello, todos tienen capacidad para arrepentirse y creer, ¿qué otra conclusión puede extraerse sino que la salvación de todos es posible? Queremos decir solamente que la salvación es posible; pues, aunque en su provisión es gratuita y absoluta (Juan 3:16), en su aplicación es expresamente condicional” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VI).

Juan 3:36:

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.


CONCLUSIÓN

“Resulta claro que Dios nunca determinó que los impíos pecaran y murieran, sino que, en la plenitud de su misericordia, ha hecho todo lo que está en su poder en armonía con el gobierno moral del mundo (para la salvación de los hombres). La opinión de que Dios es el autor del pecado y ha decretado la maldad de los hombres es derogatoria de su carácter” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VI).

1 Timoteo 2:1-4:

“1 Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres;

2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.

3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,

4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”.





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