confesión de fe
1- LA REGLA DE NUESTRA FE
Somos una Iglesia Bautista General.
Y por nuestra herencia Bautista es que cada sección de esta Declaración de Fe está plenamente basada en la “Confesión Estándar” de 1660 y en el “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834, con añadidos de otros documentos históricos bautistas para mejorar su comprensión.
Qué significa esto es lo que vamos a explorar a fondo.
- En primera instancia afirmamos junto a la “Confesión Estándar” Bautista de 1660:
“Creemos… que las Sagradas Escrituras son la regla por la cual deben regirse los santos, tanto en materia de fe como en forma de vida, pudiendo hacer a los hombres sabios para la salvación por la fe en Cristo Jesús; útiles para la doctrina, para la reprensión, para la instrucción en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (Juan 20:31; Isaías 8:20)” (XXIII).
1. “LAS SAGRADAS ESCRITURAS SON LA REGLA”
2 Timoteo 3:16,17:
“16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.
“Las Santas Escrituras son el Antiguo y el Nuevo Testamento; (los cuales) fueron escritos por hombres santos, inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:18-21), y contienen la voluntad revelada de Dios al hombre. Son una guía suficiente e infalible en fe y práctica” (Añadido de 1869 al “Tratado sobre la Fe”).
Los manuscritos originales fueron formados sin error alguno revelando con precisión y exactitud lo que Dios quería hacer conocer al hombre.
La Palabra de Dios infaliblemente logra su propósito y nos entrega un testimonio fiel de la revelación y salvación de Dios por medio de Cristo.
“Las Escrituras sagradas son verdaderas, fueron inspiradas por el Espíritu Santo. Nada injusto ni falso se contiene en ellas” (Clemente de Roma en el año 95 d.C. - Primera carta a los corintios - XLV, 2,3).
“La Biblia es, en todos los sentidos, digna de Dios. Sus doctrinas son tales que nunca podrían haber sido inventadas por el mero hombre. Conduce al hombre a la comunión con Dios; y siempre, en la medida en que se la considera sinceramente, y sus verdades son creídas y abrazadas de corazón, transforma la mente en una disposición celestial y semejante a Dios. Sus verdades y promesas pueden sostener el alma y, de hecho, han sostenido las almas de millares en medio de las calamidades más profundas, aun en medio del destierro, la tortura y la muerte.
Ningún hombre puede desempeñar carácter alguno, asumir oficio alguno, ocupar relación alguna, verse envuelto en dificultad alguna o ser elevado a eminencia alguna, sin que haya en la Biblia algo, más general o más particularmente dirigido a él, para sostenerlo, guiarlo o asistirlo.
Nadie sino Dios pudo ser su Autor” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. Advertencia).
“Las Escrituras son la Regla perfecta siendo el consejo de Dios acerca de todas las cosas necesarias para su propia gloria y para el bien eterno de nuestras almas, tanto en asuntos de fe como de práctica” (“Breve Confesión de una Concisa Reseña de Fe” de 1691. II):
1- el Antiguo Testamento fue escrito por los profetas de Dios (2 Crónicas 20:20; Amós 3:7; Hebreos 1:1).
2- el Nuevo Testamento contiene la doctrina que Jesús le entregó a los apóstoles (Mateo 28:18-20).
3- tanto los profetas como los escritores del Nuevo Testamento fueron inspirados por Dios para registrar lo que ÉL les había entregado. 2 Pedro 1:21 dice que estos “santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.
Así la Iglesia desde el principio permaneció en la “la doctrina de los apóstoles”.
Hechos 2:42:
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.
Pedro predica por primera vez desde que se fue Jesús, y se forma esta primera Iglesia. Y ya dice qué enseñaban y aprendían: “la doctrina de los apóstoles”.
Esta es “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). ¡Esta es la enseñanza cristiana, lo que Jesús le entregó a los apóstoles y los apóstoles a la Iglesia!
2. LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS
Una vez que Jesús ascendió vivo a los cielos (Hechos 1:9-11), los apóstoles comenzaron a entregar a la Iglesia lo que Jesús les había confiado. Y lo dieron primero oralmente y luego, entre los años 45 al 95 d.C., por escrito, y esto es lo que hoy tenemos como el Nuevo Testamento.
“El Espíritu Santo, las santas Escrituras y la santa Iglesia concuerdan en un mismo testimonio. Porque las Escrituras son el testimonio de los otros dos; siendo, en verdad, las inspiraciones del Espíritu Santo. Los profetas y los apóstoles recibieron aquellas inspiraciones y las expresaron por escrito; y estos escritos son las santas Escrituras” (“Catecismo de San Pablo” de 1687. I. P/R 29,30).
La Iglesia ante los ataques de personas que enseñaban herejías, y ya no teniendo la palabra directa de los apóstoles para definir la doctrina cristiana (como sí había sucedido en la transmisión oral de la Verdad del primer siglo), fue viendo cada vez más la necesidad de conformar un grupo exacto y consensuado de cartas que sería considerado el Canon (regla) del nuevo pacto en Cristo. Ellos miraban hacia la "doctrina de los apóstoles".
¡Así la Iglesia hoy! “Todos los hombres deben leer, escuchar, entender, creer y obedecer las Santas Escrituras” (”Catecismo Según las Escrituras” de 1834. P.13).
Como aconsejó Policarpo alrededor del año 113 d.C.: “Rechazando las falsas enseñanzas, volvámonos a la Palabra que nos fue transmitida desde el principio” (Carta a los filipenses, VII, 2).
La Iglesia cristiana no acepta ninguna supuesta tradición oral que contradiga de alguna manera lo expresado en la doctrina que Jesús le entregó a los apóstoles: lo cual tenemos de forma fiel y segura en el Nuevo testamento. Una congregación apostólica obedece lo dicho por el apóstol Pablo en, por ejemplo, 2 Tesalonicenses 2:15:
"Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra".
3. LOS SUCESORES DE LOS APÓSTOLES EN LAS IGLESIAS LOCALES
Los apóstoles en el primer siglo constituyeron pastores como sus sucesores de autoridad en cada Iglesia local para su cuidado. Para esto les confiaron la doctrina que habían recibido de Jesús. Así los pastores debían ser “retenedores de la palabra fiel tal como se les había sido enseñados” (Tito 1:9).
“Habiendo sido confirmadas desde hace mucho tiempo las Santas Escrituras, todos los verdaderos ministros de Cristo que sean guiados por el Espíritu de Cristo magnificarán siempre la autoridad de las Escrituras” (”Catecismo de San Pablo” de 1687. 34).
Con el correr de los siglos, hoy en día, los pastores no reciben de forma oral directa de los apóstoles la doctrina cristiana, pero sí la reciben de forma escrita: el Nuevo Testamento, con la base del Antiguo Testamento.
De esta manera el Espíritu Santo utiliza a los pastores de cada congregación local en cada generación de creyentes para enseñar la doctrina de los apóstoles fielmente, dirigir en base a ella, y formar a pastores que los sucederán. Y así se cumple lo que Jesús determinó: que cada nueva generación de creyentes sea formada en la verdad a través de la Iglesia.
Jesús jamás pensó en creyentes individualistas que se forman a sí mismos. ÉL constituyó un cuerpo (1 Corintios 12).
Efesios 4:15,16:
“15 Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.
Si algo se ordena en el Nuevo Testamento debe ser obedecido, si algo se prohibe, debe ser desechado, si se guarda silencio sobre ese punto, debe haber libertad.
"1 Corintios 14:37 nos dice: 'Si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que los mandamientos que os escribo son del Señor'. Ciertamente, todo verdadero profeta u hombre espiritual se someterá con gusto a la doctrina de Cristo y a sus santos apóstoles. Por el contrario, quienes, desobedeciendo los mandamientos del Señor, se aferran a las tradiciones de los hombres o siguen la visión de su propio corazón, no son espirituales, sino que son censurados como carnales por el apóstol" (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro 2, Capítulo 3, Sección III).
4. SOLA SCRIPTURA NO ES SOLO SCRIPTURA
Para esto es muy importante no confundir la “Sola Scriptura” con “Solo Scriptura” o “Nuda Scriptura” (la Escritura desnuda).
Para los que viven bajo los términos “Solo Scriptura” y “Nuda Scriptura”, la Biblia es la ÚNICA autoridad. El principio de la Reforma del siglo XVI de “Sola Scriptura”, afirma que, al ya no estar Cristo ni sus apóstoles con nosotros, la Biblia es la autoridad FINAL, cual implica que hay autoridades menores como los Credos, Concilios, la tradición, Confesiones de Fe, otros escritos, la Iglesia y sus líderes, etc...
Por el contrario, “Solo Scriptura” y “Nuda Scriptura” se trata de “la Biblia y yo”.
Cada miembro debe considerar a sus pastores como el medio humano principal que Jesús le dio para ser hecho discípulo de Jesús. Cada cristiano debe considerar su Iglesia local como maestra de la verdad, para él.
Esta es la razón por la que la Palabra de Dios nos insta:
Gálatas 6:6:
"El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye”.
Y:
1 Timoteo 5:17:
"Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”.
5. EL ENFOQUE CRISTIANO AL LEER LAS ESCRITURAS
Se deben evitar doctrinas que no están contempladas dentro de la fe dada por Jesús a sus apóstoles, que apenas son filosofías de medios versículos de aquí y allá intentando explicar cosas que el Nuevo Testamento no tuvo la menor intención de definir con claridad, que no son en absoluto el foco en el que Jesús y sus apóstoles se centraban, sino una distracción del diablo, un estorbo. Son, como lo definió el apóstol Pablo, "cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias” (1 Timoteo 6:4,5), “vana palabrería” (1 Timoteo 1:6), “filosofías y huecas sutilezas” (Colosenses 2:8), “humana sabiduría” la cual Pablo dijo que él no usó ni en su palabra ni en su predicación (1 Corintios 2:4).
2 Timoteo 2:14:
“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes”.
Tito 3:8-11:
“8 Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.
9 Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho.
10 Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo,
11 sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio”.
Esas son las distracciones del diablo en las que caemos cuando nos desviamos con debates interminables sobre temas que Dios no quiso dejar claro en su Palabra.
Como dice una vieja gran regla bautista general del siglo XVIII:
“Creer lo que Dios dijo,
hacer lo que ÉL ordenó,
esperar lo que ÉL prometió”.
CONCLUSIÓN
Concluimos junto a Matthew Pinson, que, como Iglesia, “no nos vemos como una innovación moderna, sino como una recuperación de la fe cristiana primitiva.
Esto significa que la lectura de la Escritura debe hacerse en comunión con la Iglesia de todos los siglos. La tradición es testimonio, no señorío; ayuda, no fundamento último. La Escritura permanece como norma suprema, pero no es interpretada desde un individualismo aislado” (”Arminian and Baptist”. Cap. 7).
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