confesión de fe


8- ARREPENTIMIENTO


  • Confesión Estándar Bautista de 1660:

“Dios no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro 3:9) y al conocimiento de la verdad, para que sean salvos (1 Timoteo 2:4)” (IV).



44. “QUE TODOS PROCEDAN AL ARREPENTIMIENTO”

Dada la situación del ser humano, en este período de tiempo hasta la segunda venida de Jesús, Dios llama a través de la Iglesia a todo ser humano, al arrepentimiento y la fe en Jesucristo.

“De ahí que los predicadores sagrados inviten a los hombres a ambos, arrepentimiento y fe… Los apóstoles salieron proclamando esta gloriosa salvación a todos cuantos podían oírlos, exhortando a todos al ‘arrepentimiento para con Dios y a la fe en nuestro Señor Jesucristo’ (Hechos 20:21)… Nuestro Salvador y sus apóstoles exigen continuamente arrepentimiento como asunto de necesidad indispensable para disfrutar la salvación” (Dan Taylor - “Fundamentos de la Religión”. Pág. 6,159,110).


Justo antes del comienzo del ministerio de Jesús, Dios envió a Juan el Bautista para “preparar el camino del Señor” (Mateo 3:3). Su mensaje era un llamado claro y urgente al arrepentimiento (Hechos 13:24): 

Mateo 3:2:

“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”


Una vez que comenzó su ministerio el Señor mismo, anunció también el mensaje de arrepentimiento.

Mateo 4:17:

 “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.


Después de que Jesús murió en la cruz para perdón de pecados (Efesios 1:7), y el Padre lo resucitó al tercer día (Efesios 1:20), para “dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:31) y a todas las naciones (Hechos 11:18); una vez resucitado, Jesús le ordenó a su Iglesia que exhortara al arrepentimiento y la fe:

Lucas 24:46,47:

"46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén".


Luego ascendió vivo a los cielos (Hechos 1:9), y la Iglesia obedeció la comisión desde el mismo comienzo. Pedro, el día de Pentecostés, exhortó a quienes lo oían: 

Hechos 2:38:

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados...”.


“Así enseñaban los apóstoles… De aquí aprendemos que los apóstoles no mantenían a los hombres en larga incertidumbre acerca del camino de la adoración de Dios; sino que, habiendo presentado a Jesucristo crucificado y alcanzado los corazones de los hombres convenciéndolos de pecado, inmediatamente mostraban a sus oyentes compungidos y que preguntaban qué debían hacer, cuál era su deber…

Y así como los primeros y eminentes propagadores de la Cristiandad observaron este método, así también lo hizo Pablo” (Thomas Grantham - “Christianismus Primitivus” de 1678. Libro II, capítulo I, sección VII).

Hechos 26:19,20 (Pablo le explica al rey Agripa):

“19 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial,

20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.


45. “EL ARREPENTIMIENTO QUE EL EVANGELIO REQUIERE”

“El arrepentimiento que el Evangelio requiere consiste en una profunda convicción, una tristeza penitencial, una confesión abierta, un odio decidido y un completo abandono de todo pecado (Romanos 3:20; 7:9; Salmo 51:17; Joel 2:12,13; Proverbios 28:13; Ezequiel 36:31; Ezequiel 14:6; Isaías 55:7; Ezequiel 18:30,31; Salmo 38:18; Oseas 5:15; Juan 12:25)” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VII).


El término hebreo que mejor expresa la idea del arrepentimiento en el Antiguo Testamento es “sub”. Se utiliza mucho en los llamamientos que hacen los profetas a Israel para que se vuelvan al Señor, y consta de dos partes:

1) Sentir pesar por nuestros pecados,

2) vivir una vida distinta.


Los dos términos más importantes del Nuevo Testamento para arrepentimiento son “metanoéo”, que literalmente significa “pensar de forma diferente sobre algo, o cambiar de idea” (Diccionario TDNT). Usada, por ejemplo, en las exhortaciones de Juan el Bautista (Mateo 3:2), Jesús (Mateo 4:17) y Pedro (Hechos 2:38); y “ἐπιστρέφω” (epistréfo), traducido en Hechos 3:19 y en 1 Tesalonicenses 1:9 como “convertíos” y “convertisteis” respectivamente.

Hechos 3:19:

"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio".


El arrepentimiento en su forma más esencial es el cambio radical de perspectiva de vida, un cambio de parecer con respecto a los caminos pasados, considerándolos malos y detestables.

Por esto, como recién leímos, el “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834, hablando del “arrepentimiento que el Evangelio requiere”, enumera:

“una profunda convicción, 

una tristeza penitencial, 

una confesión abierta, 

un odio decidido 

y un completo abandono de todo pecado”.


De este tipo de arrepentimiento le habló el apóstol Pablo a los corintios. 2 Corintios 7:9-11:

“9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte.

10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.

11 Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto”.


“La mente del pecador comienza a arrepentirse realmente del pecado cuando queda convencida de su vileza y del peligro al cual se ha expuesto por él” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. VII).


Algo menor a esto es apenas el remordimiento que por ejemplo se encuentra en la vida del rey Saúl, el cual, a pesar de reconocer su pecado e incluso pedir perdón (1 Samuel 15:24), jamás cambió (1 Samuel 15-31). O una culpa sin remedio que llevó a Judas al suicidio (Mateo 27:3-10). Infinidad de personas jamás llegan genuinamente a la fe en Cristo debido a que alguien les dio seguridad de salvación cuando apenas estaban bajo algún sentimiento negativo superficial sobre lo antes vivido, sin llegar al “arrepentimiento que el Evangelio requiere”.


46. “UN ODIO DECIDIDO Y UN COMPLETO ABANDONO DE TODO PECADO”

El pecado, en su esencia, es una rebelión directa contra Dios y ante Dios (Salmo 51:4), "un espíritu de lucha contra Dios a fin de jugar a ser Dios" (J.I. Packer - "Teología Concisa"). Esta rebelión es engendrada por la falsa ilusión de que se alcanzará el bien fuera de ÉL (2 Samuel 12:10) estableciendo su propia opinión moral y determinando su propio camino en la vida. 


El “Tratado sobre la Fe” bautista de 1834 afirma finalmente que “el arrepentimiento que el Evangelio requiere consiste en… un odio decidido y un completo abandono de todo pecado” (VII). Esto no implica una exigencia de perfección inmediata en el arrepentimiento inicial, sino que es de imperiosa necesidad un cambio drástico de mente y perspectiva frente al pecado en el que hasta ese momento se vivía. Se trata de un aborrecimiento y rechazo de todo aquel mal que Dios considera aborrecible y rechazable. En el pecador arrepentido hay decisiones concretas hacia la nueva vida que ahora busca. Así exhorta la Didajé escrita alrededor del año 80 d.C.: “Aborrecerás toda hipocresía y todo lo que no sea agradable al Señor” (IV).


Ya Juan el Bautista llamaba a las multitudes con las palabras: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8).

Con esto vemos que el arrepentimiento tiene “frutos”, resultados concretos.

 

Así, Mateo, siendo un recaudador de impuestos para Roma, traicionando y estafando a su propio pueblo, cuando Jesús lo llamó, “lo dejó todo, se levantó y le siguió” (Lucas 5:27,28). Abandonó su mala vida por completo y al instante.


De igual manera, mientras Zaqueo “era jefe de los publicanos, y rico”, una vez que escuchó a Jesús, le dijo: 

Lucas 19:8:

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”.

 

El Señor vio esto como genuino arrepentimiento (Éxodo 22:1), ya que le contestó: 

Lucas 19:9:

“Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa…”.


Un tercer ejemplo es el de los nuevos creyentes en la ciudad de Éfeso.

Hechos 19:18-20:

“18 Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.

19 Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.

20 Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor”.


Por el contrario, cuando Pedro fue a Samaria, “había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad” (Hechos 8:9), pero “creyó Simón… y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito” (Hechos 8:13). Hasta que “vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, (y) les ofreció dinero” (Hechos 8:18). Ahí el apóstol Pedro, aún sabiendo que era un creyente nuevo, lo reprendió.

Hechos 8:20-23:

“20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.

21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.

22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;

23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás”.


Pedro vio que Simón, bajo una fe superficial, se acercaba al evangelio con malas intenciones. Su deseo de tener el poder del Espíritu Santo era para continuar haciendo un negocio propio. Quedó en evidencia que Simón carecía de arrepentimiento.


El proceso de santificación se extiende por toda la vida en Cristo, pero la intención inicial del pecador arrepentido que decide seguir a Cristo es clara, notoria y comprobable desde el primer momento.


“Ver el Pecado como excesivamente pecaminoso es una excelente introducción a la Cristiandad, y tan necesario, que la parte interna de ella no se funda rectamente sin él” (Thomas Grantham - "Christianismus Primitivus" de 1678 - Libro 2, Capítulo III, Sección 5).


47. “DIOS HA ORDENADO ESTE ARREPENTIMIENTO”

“Dios ha ordenado este arrepentimiento a todos los hombres, y sin él, en esta vida, el pecador debe perecer eternamente” (“Tratado sobre la Fe” bautista de 1834. VII).

“Es una verdad cierta y sumamente importante (¡que quede profundamente impresa en la mente de todo pobre pecador!) que es imposible que una persona impenitente disfrute del favor de Dios aquí o en el porvenir. Jesús dijo: ‘Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente’ (Lucas 13:3)” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. V).


¡No hay salvación en Cristo sin arrepentimiento!


No nos salvamos "por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tito 3:5) pero sí para buenas obras (Mateo 25:31-46). Las cuales glorifican a Dios (Mateo 5:16; Juan 15:8; Filipenses 1:8-11).

“A ‘los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, (Dios dará) ira y enojo’ (Romanos 2:8); y ‘tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo’ (Romanos 2:9).

El Apóstol, en diversas epístolas, ofrece catálogos de pecados que, si no son abandonados mediante arrepentimiento y perdonados, excluirán del Reino de los Cielos a todos los que permanezcan culpables de ellos:

1 Corintios 6:9,10:

‘9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios’.

Y otra vez:

Gálatas 5:19-21:

‘19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,

20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,

21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas…’.

Dice el Apóstol, para que nadie se engañe:

‘… acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el Reino de Dios’.

También:

Efesios 5:6:

‘Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia’.

Y finalmente:

Apocalipsis 21:8:

‘Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda’.


Tal es el odio irreconciliable del bendito Dios contra el pecado, y tan incontestable es la evidencia de que ‘los malos serán trasladados al Seol’ (Salmo 9:17) ¡Tan inconcebiblemente terrible es la condición de todo pecador no perdonado!

Esta es la condición del pecador aquí y, si muere así, será su condición en el porvenir” (“Fundamentos de la Religión” de 1775. V. 3).





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